La justicia social no es la causa

Urge echar por tierra los nuevos dogmas que han impuesto los organizadores de todo este tinglado que llaman crisis. El presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, pedía en una entrevista reciente que esta medida que llaman “reforma estructural profunda” se haga por decreto ley. Ya se sabe, los políticos pierden tiempo discutiendo las cosas y, además, no representan a nadie, por eso se impone la era de los apolíticos tecnócratas, vírgenes, sin ideología ni religión.

Estos mercados han colocado a dos banqueros, sin pasar por la urnas, al frente de Italia y Grecia. Ambos trabajaron para Goldman Sachs al servicio de “los mercados” que, a su vez, se orientan gracias a las agencias de calificación que nos ponen la nota que decide el interés que pagamos por nuestra deuda. Cuanto más baja sea, más deberemos, menos creceremos y menos fiables seremos, por lo que nos volverán a bajar la nota. Su dinero crece a costa de nuestra ruina en ese círculo perverso que se lleva por el sumidero nuestro futuro.

El primer recorte pasa por poner coto a la estrategia de quebranto de ese monstruo que, para colmo, nace en nuestro seno, no es un torpedo sino que está hundiendo el barco desde dentro. La estrategia de los mercados tiene como fin la abolición de los derechos de los ciudadanos aquí, en el último reducto donde el capitalismo está frenado por políticas sociales que llamamos “Estado del bienestar”, que atenúan su insaciable voracidad y se conquistaron tras muchos años de lucha ciudadana que se pagó con represión, cárcel y muerte. Mienten: “El café nunca fue gratis”.