Asuntos & cuestiones

Cuando la corrupción provoca militancia

En una encuesta realizada antes de las últimas elecciones italianas, muchos votantes de Berlusconi afirmaban no dar importancia al hecho de que fuera corrupto. Decían, así, como de broma: "Por lo menos, él lo reconoce". Es falso, nunca se ha confesado ladrón, pero se sabe que donde va, trinca, como el mudito de los hermanos Marx. Si además, te puedes permitir el lujo de sobornar jueces (fue condenado por ello siendo presidente), a vivir.

Esta vergüenza de simbiosis entre política y delincuencia no derivó en la repulsa generalizada de los presidentes de la Unión Europea, qué va, vino de testigo a la boda de la hija del líder más importante de nuestro siglo, que también se ríe con él.

Parte de nuestro "centro nacional" se está berlusconizando. Mientras los demás partidos se hunden cuando aparecen chorizos en sus filas, en las últimas elecciones creció el voto del Partido Popular en municipios donde presentaban candidatos procesados por corrupción. La pregunta es, ¿por qué esos votantes prefieren dar su confianza a presuntos delincuentes antes que a presuntos honrados? Estos días está sucediendo algo alarmante y es la afiliación masiva de ciudadanos de Totana al Partido Popular, precisamente, porque se ha descubierto un complejo caso de corrupción. ¿Confunden estos ciudadanos la militancia política con el enriquecimiento rápido, ilegal, pero impune? ¿Creen que esas siglas significan Partido Pa’trincar? ¿Por qué crece el centro con la corrupción? La cosa no tiene guasa. Si los ciudadanos no castigan a los delincuentes con la retirada del voto, la consecuencia es clara: de la democracia se pasa a la demagogia, y de ahí, a la dictadura; es un círculo vicioso del que no se escapa, si no se frena. Eso decían los griegos.