La familia tiene amigos: ¡a por ellos!

El último festival de la canción protesta, que cerró Kiko Argüello con su guitarra en el Paseo de la Castellana de Madrid, consiguió algo que con el paso de los días nadie destaca, y fue que todas las organizaciones neocatecumenales compartieran escenario por primera vez, ya que, como competencia que son, al trabajar con el mismo “tarjet”, no se llevan muy bien. Sin embargo, aquel día, estaban allí los kikos, los legionarios de Cristo, los del opus, y otras asociaciones espirituales sin ánimo de lucro.

Por desgracia, una gran ausencia empañó la foto final. Faltaba el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, cuyo modelo ha iluminado a muchos exministros y altos cargos del Partido Popular. Debido a las numerosas acusaciones de pederastia que pesan sobre él, El Vaticano le ha recomendado que abandone su ministerio y haga una vida discreta (recomendación innecesaria ya que siempre fue discreto, llevaba a los niños a hoteles y pensiones de carretera).
La próxima concentración de protesta que convoque la jerarquía eclesiástica debería ser para proteger a sus prelados. Hay que desenmascarar a esos ángelitos negros que, marcados desde su tierna infancia por el estigma de Satán, gozan hasta el éxtasis en sus encuentros clandestinos y más tarde, en un alarde de ingratitud y perversión infinitos, denuncian estos hechos en lugar de reconocer el sacrificio de los que les inician con mano diestra por el camino del paraíso carnal. Acabarán exterminando la santidad de la faz de la tierra.

Ya sabemos quienes son, con sus cuerpos irresistibles y sus miradas lascivas, los auténticos enemigos de la santidad y la familia: ¡Los niños! Dejen de pagar indemnizaciones y hagan algo útil de una vez: Exorcismos colectivos infantiles ¡Ya!