Genética y sociedad

Recientes estudios neurológicos han arrojado luz sobre cuestiones que resultaban inexplicables. Afirman que hay un enzima que actúa en una compleja secuencia de reacciones bioquímicas responsables de que uno llegue a conclusiones por sí mismo. Cuando falla este enzima, la capacidad de raciocinio se ve mermada, todo discurso se basa en tres coordenadas: ETA, homosexualidad y Paracuellos. Con esta limitación de parámetros se complica la elaboración del pensamiento lógico y la actividad cerebral se alimenta de patrones servidos por medios especializados, en forma de letanías, consignas y disparatadas elucubraciones conspirativas. Con el tiempo se crea una vía neuronal que, ante cualquier estímulo, deriva el pensamiento a una zona del cerebro que los expertos denominan “fachencéfalo”. Esta zona es responsable de que podamos cortarnos las uñas de los pies, pero en los que padecen la disfunción genética tiene la exclusiva de la capacidad de argumentar, de dialogar. En lo afectivo, polarizan mucho sus intenciones, cobrando especial relevancia el amor a los símbolos y a una patria idílica de la que se sienten herederos y únicos responsables. En permanente estado de agitación, sólo se relajan cuando alcanzan el poder y, como los niños chicos, se encaprichan con todo lo que ven y no desisten hasta hacerse con la propiedad de los bienes comunes: privatizan todo lo que encuentran en el camino. Se cree que la investigación con células madre podría aportar alguna solución al problema aunque ellos rechazan la terapia porque no reconocen otra madre que España. Desde el punto de vista clínico no se considera grave, pero cuestiona la teoría evolucionista de Darwin ya que demuestra que el ser humano también involuciona hacia lo primario.