La complicidad necesaria para el crimen

Que la ciudadanía permanezca impasible ante las fechorías de “los suyos” es la norma, está uno acostumbrado, esto de la política es como ser de un equipo de fútbol, pase lo que pase, se defienden los colores. Pero los altos cargos de la administración no pueden despreciar las instituciones que representan. Las interpretaciones que están haciendo el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, y otros miembros de su partido, de la sentencia del Severo Ochoa, demuestran que la crueldad de estos representantes de la derecha española, centrada, democrática y moderna, no tiene límites. Si, como afirma, con los datos de que disponían, hicieron lo que tenían que hacer, hay algunas cosas que no se entienden. La denuncia que ustedes llevaron al juzgado, acusaba a estos médicos de haber cometido cuatrocientos asesinatos “aprovechando el bajo nivel intelectual de la población de Leganés, y con la intención de dejar camas libres”. Hay que entender que ustedes creyeron estas estupideces anónimas, y que a pesar de ello consintieron que durante los tres años que ha durado el proceso, estos médicos siguieran entrado en las habitaciones de enfermos en coma, ancianos terminales y niños indefensos y que, a pesar de sus tendencias homicidas, clavaran el bisturí en intervenciones quirúrgicas sobre nuestros vecinos de Leganés. Exijo su dimisión por incompetencia y desprecio al derecho a la vida de los ciudadanos. Y pido a las autoridades judiciales de este país que actúen sobre individuos que han dejado y dejan trabajar a estos asesinos, a sabiendas de que lo son. También podrán ustedes decir en su defensa: “Yo les hubiera metido a todos en la cárcel, pero la justicia me lo ha impedido”, y lo más grave es que eso es cierto.