La ventaja de ser incombustible

Ser candidato único tiene la ventaja de que el voto, por fidelidad a la ideología, está garantizado. Sólo el miedo que infunde la regresión que acarrearía un gobierno de esta derecha ultramontana ha evitado que llegaran al poder. Los “suyos” le seguirán votando. Subirán en escaños, hagan lo que hagan, lo que dota al líder del PP de un margen de maniobra impensable en cualquier otra opción política. Habrá quien recuerde al leer este texto a Roldán, o a otros, pero ese señor fue condenado y, en ningún caso, se dedica a dar clases de ética desde su candidatura como hace el señor Fabra de Castellón.

Ahora Rajoy, haciendo un gran sacrificio (según Gallardón), anuncia que se queda. Uno pensaba que el sacrificio era dejar el sillón, pero no, la verdadera inmolación consiste en permanecer en el cargo. A juzgar por lo que se cuece detrás del decorado, uno concluye que se trata de un partido de masoquistas, en la medida en que son muchos los que quieren “sacrificarse” y ocupar el puesto de don Mariano. Y como el personaje “facha” no le ha dado resultado, al parecer, se va a fabricar otro. Ya no va a depender del que le nombró, dejará de ser un títere para interpretarse a sí mismo, como los malos actores. Empieza una legislatura y, del mismo modo que ocurre en su religión, el señor candidato queda absuelto, parte de cero. Se le perdonan todas las mentiras, las ofensas, los insultos, la propaganda que ha hecho a los terroristas al llevarlos todos los días al congreso, el desprecio a las víctimas de serie “B” (aquellas que quitan votos)… Todo eso se borró al darse el baño en el Leteo que supuso la representación en el entarimado de Génova. Rajoy ya es otro. ¡Qué paradoja!, debemos recordar que no tenemos derecho a la memoria.