La tarea pendiente

El temor a los vaivenes del electorado crea el pragmatismo político. Zapatero tiene cuatro años para consolidar un proyecto. El tan traído y llevado carácter veleidoso del electorado de “centro”, no debe ser la guía de su acción de gobierno. Ocho años es un tiempo razonable para demostrar lo que se es. Aznar lo dejó muy claro.

La perdida de representación parlamentaria de Izquierda Unida no debe ser reducida a la nada desde una perspectiva de honradez. Aparte de la queja por el sistema electoral, lógica, lo innegable es que les han votado casi un millón de personas. Habrá que tenerlas en cuenta. Por supuesto, con más razón, a los votantes del PP, que son diez millones, aunque deberán asimilar, cuanto antes mejor, que no gobiernan y que los que no han votado a la derecha también tienen derecho a hacer con su vida y su cuerpo lo que les dé la gana. Unos se ponen cilicios, y otros, tetas. Así funciona el tema.

Hay muchas cuestiones pendientes que requieren soluciones como son el aborto, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, la crisis del petróleo, el cambio climático, el paro, la vivienda… en fin, las cosas de las que se habla en la campaña. Uno se da cuenta de que son los “liberales”, apóstoles de la no intervención del gobierno, los que más protestan, desde la oposición, por las consecuencias de la economía que defienden, como la subida de los precios. Si el gobierno no puede intervenir, ¿cómo va a controlar esas subidas? En fin, que no deben dejarse marear por la perspectiva de un horizonte de permanencia. Su deber es legislar para el bienestar de los ciudadanos. Caiga quien caiga. Vendrán tiempos de difamación e infamia, ya se sabe, pero las leyes se quedan, o mejor dicho, nos las quedamos, y a ver quién nos la quita. A ello.