Opinion · Balagán

Mezquita en llamas

Israel insiste en que no hay pruebas de que los colonos judíos estén detrás del incendio, en la madrugada del martes, de una mezquita situada en el centro de un pueblo palestino de 3000 habitantes del área de Nablus, al norte de Cisjordania. Los israelíes sugieren que puede tratarse de un «accidente», tal vez de un cortocircuito. Los palestinos, en cambio, dicen que los pirómanos son los colonos de la zona. No sería la primera vez que los colonos prenden fuego a una mezquita en el área de Nablus. En los últimos meses lo han hecho dos veces. Los colonos campean a sus anchas por los territorios ocupados con el permiso tácito de los soldados. No es ninguna novedad. Siguen la política que aquí se conoce como «tag mejir» y que significa que cada vez quel gobierno israelí realiza alguna «concesión» a los palestinos, los colonos de Cisjordania se lo hacen pagar a los palestinos, quemando olivos, cortándolos, incendiando una mezquita, incendiando coches, estableciendo un nuevo enclave o asentamiento judío, o de cualquier otra manera.

El gobernador de Nablus, Yibril al-Bakri lo ha confirmado. «Hemos examinado todas las posibilidades y hemos descartado que se trate de un accidente. El incendio ha sido deliberado y sólo los colonos incendian mezquitas», ha dicho Al-Bakri. El gobernador incluso ha dicho que el ejército le había advertido que los colonos podían cometer excesos durante estos días. Las negociaciones indirectas que el enviado norteamericano, el senador George Mitchell, inició ayer con el primer ministro Binyamin Netanyahu eran un buen motivo para esperar represalias. En eso precisamente consiste la política de los colonos del «tag mejir».

«Hacia las tres de la madrugada oímos los motores de los coches y cuando salimos a la oración un poco más tarde la mezquita estaba en llamas», ha comentado un vecino. El pueblo en cuestión, Liban ha visto cosas semejantes en los últimos meses. Los colonos han entrado por la noche y les han incendiado algunos coches. También han prendido fuego a sus campos de olivos por la noche, además de agredir a los campesinos que se quedan solos en sus campos. El Ejército israelí no sólo lo sabe, sino que ha sido testigo mudo de muchas de estas acciones. De vez en cuando detienen momentáneamente a algún colono, pero tanto el Ejército como los jueces israelíes, por uno u otro motivo que resulta difícil de explicar, nunca encuentran culpables.