Balagán

Tolerancia y expolio

El diario Haaretz se extiende acerca de las obras que se llevan a cabo en el cementerio musulmán de Mamila, en el centro de Jerusalén occidental, a quinientos metros de la muralla. Israel ha decidido levantar sobre el cementerio un nuevo museo, el Museo de la Tolerancia, aunque precisamente Jerusalén se caracteriza por una ausencia de sensibilidad hacia la tolerancia.

El proyecto ha sido apadrinado por una organización controvertida con sede en Los Ángeles, el Simon Wiesenthal Center, pero como sea que este grupo judío tiene buena prensa en los Estados Unidos, Israel ha decidido que es el apropiado para gestionar el museo.

Los palestinos llevan años protestando contra el plan del musero pero las autoridades israelíes no se han conmovido. Quien se acerque al lugar puede ver una valla de seis metros de altura que rodea completamente el enclave y lo oculta del exterior, y que está vigilada por guardias de seguridad privados. No se puede observar nada del interior, pero el citado diario explica que durante los últimos meses el cementerio se ha estado limpiando. Se han sacado los esqueletos de un gran número de difuntos musulmanes, y se ha hecho con la mayor discreción posible para evitar protestas de los palestinos. Una discreción llevada al extremo ya que en la ciudad nadie se ha enterado de los trabajos en marcha.

Del cementerio de Mamila, que llegó a ocupar una gran superficie, sólo quedará un pequeño retazo. Según la tradición musulmana, aquí están enterrados personajes históricos muy significativos, incluidos compañeros del profeta Mahoma y soldados del ejército de Saladino. Los musulmanes han intentado frenar las obras sin éxito, pero las autoridades israelíes sostienen que la creación del Museo es imprescindible para el desarrollo urbano de Jerusalén. Con un pretexto u otro, a plena luz del día o con nocturnidad, el expolio continúa.