Balagán

Presión judía en el Congreso

Informan las agencias de noticias que casi cuarenta congresistas judíos se reunieron en la noche del martes, durante una hora, con el presidente Barack Obama en Washington y le pidieron que trate con más cariño a Israel. Desde que Obama se convirtió en un candidato con posibilidades, durante la última campaña electoral norteamericana, la presión de los grupos judíos no ha cesado. Con una razón u otra, de esta o de aquella manera, el lobby ha tratado sin descanso de influir en la voluntad del presidente. "Es algo normal en los Estados Unidos", dicen quienes están conformes con esta manera de actuar. Y probablemente tienen razón. Sin embargo, también es cierto que durante las últimas décadas los grupos de presión judíos en Washington han hecho lo que han querido y el conflicto israelo palestino no se ha resuelto. Tal vez ha llegado la hora de prescindir de esa presión para que haya más posibilidades de resolverlo.

Este tipo de reuniones suelen ser muy discretas y a menudo ni tan siquiera se informa de ellas. En esta ocasión, un congresista judío que participó en el encuentro con Obama, dijo a su término que el presidente tiene que "vocalizar su apoyo a Israel mucho más de lo que ha hecho hasta ahora". "Sencillamente tiene que hacerlo", insistió el congresista.

Algunos foros de opinión estadounidenses han abierto recientemente un debate acerca de los grupos de presión o lobbies. Creen que ejercen demasiada influencia sobre la administración y que sus injerencias generalmente van en contra del interés general. Se trata de un debate sano que cuestiona una costumbre muy arraigada en aquel inmenso país que además domina el escenario internacional. El lobby judío, además, está en sintonía con el sector más montaraz de la clase política israelí, es decir con las falanges del Likud. Recientemente se ha creado un nuevo lobby judío en Estados Unidos, el JStreet, que es más moderado pero no que goza de tanta influencia como el lobby tradicional, el AIPAC.