Balagán

Manía persecutoria

Yaakov Litzman es un político ultraortodo israelí que actualmente es viceministro de Sanidad. En el diario Maariv viene un roportaje acerca de él. Litzman dice cosas como las siguientes: "Me parece que estoy viviendo en la Diáspora y no en Israel". "(A los ultraortodoxos) No nos quieren aquí". "En Israel se publican datos con la única intención de que aumente el odio contra nosotros". "Nos persiguen (los israelíes) como los gentiles persiguieron a los judíos".

Litzman es bastante conocido en Israel y en los últimos días ha estado en primera página de los periódicos a causa de la crisis que se ha desatado en un hospital de la ciudad de Ashkelón porque las autoridades han retirado decenas de esqueletos de un antiguo cementerio muy cercano al hospital. Según la ley judía no se pueden desplazar los cadáveres ya enterrados. El gobierno israelí, sin embargo, sostenía que se trataba de un cementerio bizantino, es decir que los muertos eran probablemente paganos o cristianos. Al final, y a pesar de las protestas, los esqueletos se han retirado para construir sobre el lugar una unidad de emergencias y quirófanos. Los ultraortodoxos han denunciado los planes diciendo que la unidad de emergencias se podría construir en otro lugar, aunque estuviera un poquito más lejos, pero el gobierno no ha cedido.

Estas son las comparaciones que Litzman hace con respecto a otros grandes hospitales israelíes: "En el hospital de Tel ha-Shomer hay una gran distancia entre la sala de emergencias y el departamento de pediatría. En el hospital Beilinson la distancia entre la sala de emergencias y los quirófanos es de 300 metros de pasillos, por lo menos. Sin embargo, ahora resulta que en el hospital de Ashkelón la misma distancia es muy peligrosa y no se puede hacer lo mismo".

Los ultraortodoxos judíos dicen con frecuencia que se sienten perseguidos por los judíos seculares, aunque a menudo éstos consideran que aquéllos se aprovechan del Estado y son unos parásitos. Al fin y al cabo los ultraortodoxos pagan menos impuestos y reciben los mismos servicios, si no más, que los seculares. Un veinte por ciento de la población de Israel es ultraortodoxa. Muchos de ellos ni siquiera trabajan ya que dedican todo el tiempo al estudio de los libros sagrados. Las vidas de los ultraortodoxos y los seculares apenas se cruzan, y cuando lo hacen entran en conflicto.