Balagán

La máquina de la verdad

El jefe del ejército israelí, general Gabi Ashkenazi, está poniendo a todos los empleados relacionados con su oficina delante de la máquina de la verdad. Soldados, secretarias, guardaespaldas y empleados de la limpieza, se están sometiendo a las pruebas del polígrafo debido a la misteriosa reaparición de un arma propiedad de Ashkenazi que desapareció hace ahora un año. En su momento, la desaparición fue tan misteriosa como ha sido la reaparición.

La oficina de Ashkenazi es el sancta sanctorum de la Kiriya, que es el nombre por el que se conoce al macroministerio de Defensa, el único que se encuentra en Tel Aviv. Hace un año, el arma, que es antigua y de colección, estaba en la oficina de las secretarias de Ashkenazi. Un buen día se le echó de menos. Se llevó a cabo una investigación que terminó con la denuncia contra un soldado que trabajaba en la Kiriya, a quien se le juzgó y se le condenó por haber vendido el arma a un árabe-israelí. El soldado fue a parar al calabozo pero el arma nunca se recuperó.

El otro día el arma reapareció misteriosamente en la misma oficina de la que desapareció, aunque ahora estaba en otro armario. No se sabe cuánto tiempo llevaba allí. Probablemente no demasiado puesto que el armario en cuestión se utiliza a diario y parece lógico pensar que alguien debería haberse dado cuenta de la novedad si el arma hubiera llevado allí bastante tiempo. La policía militar sospecha que en la oficina de Ashkenazi hay un topo que ha colaborado con quien sustrajo el arma. El caso es que Ashkenazi ha decidido que todos los militares y empleados relacionados con su oficina se sometan a la máquina de la verdad. Las pruebas ya se están realizando pero todavía no se han hecho públicos los resultados.

En la oficina de Ashkenazi hay videovigilancia las 24 horas del día, y los soldados y empleados que entran allí se someten a un proceso de seguridad especial, que es más estricto desde que desapareció el arma hace un año.