Opinion · Balagán

El engañoso pacifismo laborista

El destartalado partido laborista israelí está en el punto de mira. El 2 de enero el titular de Haaretz era el siguiente: «Funcionarios de EEUU: Barak nos ha engañado sobre su papel en el proceso de paz». El artículo explicaba que la administración estadounidense se siente engañada por el líder laborista y ministro de Defensa, Ehud Barak, quien hace dos años metió a su partido en el gobierno asegurando a Washington que lo hacía porque de esta manera podría obligar al primer ministro Binyamin Netanyahu a negociar con los palestinos.

Es estraño es que se sorprendan los estadounidenses. Barak no puede sorprender a nadie. A la chita callando ya ha permitido que transcurran dos años sin que Netanyahu dé un palo al agua. Y Netanyahu está contento porque sólo le falta un año para inutilizar completamente al presidente Barack Obama. Dentro de un año comenzará la campaña en Estados Unidos, así que lo único que debe hacer Netanyahu es aguantar unos meses más y todo se habrá acabado.

Barak no es un laborista suigéneris. Basta rercordar la tremenda carrera de Shimon Peres, su papel fundamental en el lanzamiento de las colonias israelíes en los territorios ocupados después de la ocupación de 1967, su papel en la empresa nuclear israelí, o los numerosos papeles negativos que ha jugado durante toda su carrera, incluido el asunto de los acuerdos de Oslo, que hoy se pueden valorar en toda su medida muy negativamente. Sin embargo, por artificio divino todas estas acciones antipacifistas le valieron el Nobel de la Paz (!). Barak tiene el mismo fuste y es posible entender que haya engañado a Estados Unidos. Lo que no es de recibo, en cambio, es que los norteamericanos se dejen engañar una y otra vez por el discurso pacifista de los laboristas israelíes que aunque es muy hermoso no tiene nada que ver con la realidad de sus acciones.