Opinion · Balagán

El pequeño muro

Israel ha abierto al culto judío un pequeño sector del muro de las lamentaciones que está situado en pleno barrio musulmán, unos cien metros al norte del muro de las lamentaciones que visitan habitualmente los turistas. Se trata de un sector de muro muy pequeño pero lo importante no es su longitud sino la decisión israelí de seguir provocando mientras la comunidad internacional mantiene un silencio cómplice.

Ateret Cohanim, una organización extremista, venía utilizando el ‘muro pequeño’ desde hace años para sus rezos, dentro del plan de esta organización de ir expulsando a los palestinos de la ciudad vieja, algo que se está haciendo poco a poco pero constantemente con el apoyo del gobierno, que lo sabe todo el mundo, pero ante lo que Occidente, incluyendo la Unión Europea, prefiere no intervenir.

No debe interpretarse esta decisión de Israel como una decisión aislada, porque no lo es. Antes bien, forma parte de un plan preconcebido y de amplias miras, no solo para expulsar a los palestinos de la ciudad vieja de Jerusalén, sino para expulsarlos de toda la ciudad, también del sector moderno. Hace solo una semana, los israelíes demolieron un hotel histórico palestino situado en el barrio de Sheij Yarrrah, donde está el Consulado General de España, un barrio árabe que poco a poco se va llenando de judíos, no por azar sino en respuesta a una planificación deliberada.

Es cierto que algunos países han lamentado la ocupación del Hotel Shepherd, pero han sido lamentaciones verbales que no han servido para nada, con las que Israel puede vivir sin problemas mientras sigue expandiendo a la población judía.

Ayer, sin ir más lejos, se conoció el último plan israelí para Jerusalén: la construcción de 1.400 viviendas en la colonia de Guilo.