Opinion · Balagán

‘Viernes de rabia’

Escribo estas líneas apenas unas horas antes de que las mezquitas egipcias se llenen de fieles para la plegaria del mediodía del viernes. A su término tendrán lugar las manifestaciones que se han convocado en todo Egipto. Es seguramente un día histórico, donde veremos con un poco más de claridad si las protestas son realmente masivas en este país de 80 millones de personas y si el régimen del rais Hosni Mubarak se tambalea o es capaz de sostenerse después de tres décadas.

Las revueltas en Egipto nacieron el martes de manera espontánea, o mejor, inspiradas en las protestas de Túnez; pero. en cualquier caso, no las promovieron directamente las fuerzas políticas, aunque ayer parecía que todas querían apropiarse del insólito fenómeno. Los liberales también.

De hecho, los liberales egipcios reciben una atención desproporcionada por parte de los medios de comunicación internacionales, pero en realidad son muy pocos. En principio, no parece que vayan a ganar las próximas elecciones, unas elecciones libres, si las hay.

Quienes están mejor situados son los Hermanos Musulmanes, que han preferido mantener un bajo perfil. Saben que mucha gente les tiene miedo, pero también saben que mucha gente confía en ellos y en su sencillo eslogan «El islam es la solución».

Todavía es pronto para saber qué ocurrirá hoy y qué ocurrirá en los próximos días. El régimen de Mubarak se ha revelado autoritario y corrupto. La gente también protesta por la carestía de la vida y el desempleo. Son problemas graves, pero es ingenuo pensar que puedan resolverse simplemente con unas elecciones.

Durante tres décadas Mubarak ha mantenido estable a un país muy difícil de gobernar, con una alta simpatía hacia el islamismo. Si él se va, se abrirá un periodo de grandes incertidumbres en toda la región. Al fin y al cabo, Egipto no tiene las reducidas dimensiones de Túnez, donde se pueden hacer experimentos con más facilidad.