Opinion · Balagán

Incertidumbre

La incertidumbre no solo afecta a Egipto sino a toda la región. Con sus más de ochenta millones de habitantes, Egipto es el país crucial por excelencia de Oriente Próximo. El presidente Hosni Mubarak ha mantenido a Egipto estable durante tres décadas, pero ahora se ve que ha sido a cambio de un coste demasiado alto. La pobreza, el autoritarismo y la corrupción le están pasando factura.

La última vez que estuve en Egipto fue en la península del Sinai, hace algunos meses. La corrupción policial allí era enorme. En cada control militar, y hay bastantes, los policías exigían un peaje apropiado a algunos conductores. Por ejemplo, un cartón de tabaco o un perfume. La corrupción ha impregnado todas o casi todas las áreas del Estado y la gente que estos días sale a la calle está protestando contra la corrupción. Pero también contra otras cosas.

Los sucesos de la última semana revelan que una gran parte de la población odia al régimen. Es algo que ya se sabía. Lo que no se sabía es que la gente estaba dispuesta a salir a la calle de esta manera. Ahora se abre un periodo de incertidumbre que no sabemos adónde conducirá. El régimen de Mubarak se ha sostenido en gran parte porque se declaraba a sí mismo como el único que podía mantener a raya a los islamistas.

Lo ha hecho, ha mantenido a raya a los islamistas, y a Mubarak ha estado a punto de costarle la vida en la media docena de atentados que ha sufrido en las tres décadas que ha estado en el poder. Lo que estos días ocurre en Egipto puede servirnos de orientación para saber qué fuerza real tienen los Hermanos Musulmanes, aunque por ahora los islamistas están manteniendo un perfil bastante bajo. ¿Está justificado el temor al islamismo egipcio?