Opinion · Balagán

La madre de todas las batallas

Dijo ayer un escritor egipcio que la legitimidad se pierde con los crímenes y no con los errores, en alusión a Hosni Mubarak, aunque también podría haberse referido a Mohammad Morsi, el presidente islamista que desde su palacio cairota está viendo, importente, como multitudes de liberales, progresistas y afectos al antiguo régimen se rebelan, y como se multiplican las protestas en las principales ciudades del país.

A Morsi las manos se le han empezado a ensuciar con muertos. Medio año después de su elección, el rais representa a la única institución que ha sido elegida democráticamente, pero los liberales, progresistas y afestos al antiguo régimen, que aceptaron de mala gana, o no aceptaron, primero las elecciones legislativas (luego anuladas por los jueces nombrados por Mubarak), y después las elecciones presidenciales, están dispuestos a dar una batalla sin cuartel para que se respeten sus aspiraciones.

Los liberales quieren una sociedad liberal, es más quieren que los islamistas se comporten como liberales, lo que es imposible, y las tensiones que se derivan y se derivarán de este conflicto pueden tener consecuencias imprevisibles.

Ayer algún analista egipcio vio en lo que está ocurriendo el germen de una guerra civil. Probablemente es una visión exagerada, al menos de momento, pero la insistencia de los liberales, que cuentan con el apoyo de Occidente, en retirar los atributos que se dio Morsi a sí mismo hace algunos días, y abortar la votación de la Constitución islamista que debe celebrarse el 15 de diciembre, corre el riesgo de suscitar una inestabilidad crónica en Egipto.

La violencia ha vuelto a las calles del país. En El Cairo, Alejandría y en otras ciudades se han quemado sedes de los Hermanos Musulmanes, y las manifestaciones de unos y otros no se detienen. Que esta violencia incipiente derive en una violencia más generalizada es una posibilidad que no se puede descartar.

Probablemente la mayoría de los egipcios (con la excepción de las minorías liberal, progresista y del antiguo régimen) quieren que el día 15 se celebre el referéndum constitucional, y hasta que se apruebe la Constitución de tinte islamista que ha preparado una Asamblea Constituyente que rechazan los liberales porque es un órgano islamista, pero las leyes de la democracia son así.

Sencillamente, no se puede llamar a las urnas y luego anular los comicios porque no se está de acuerdo con los resultados. Los islamistas no son liberales y ahora no es el momento de denunciarlos porque no se comportan como tales. Esto, en todo caso, debía haberse previsto antes de abrir las urnas.