Balagán

Vértigo constitucional

Los egipcios ya tienen Constitución. Una tercera parte de los electores potenciales han ejercido su derecho a voto, y casi las dos terceras partes de los votantes aprobaron la Carta Magna. Esto significa que aproximadamente solo el 20 por ciento de los egipcios han aprobado el texto.

Estos datos reflejan el vértigo que algunas veces puede provocar la aplicación de la democracia, especialmente cuando la abstención es tan elevada y una minoría tan escasa se convierte en juez de algo tan importante como una Constitución.

Las normas aritméticas y frías que rigen la democracia son así, y la inmensa mayoría que no votó tendrá que aceptar un texto de orientación islamista que prevé que la sharia o ley islámica sea preponderante en el sistema legal egipcio.

No cabe duda de que los islamistas constituyen la mayoría de la población, y así ha quedado de manifiesto en las múltiples consultas que ha habido desde la revolución del 25 de enero de hace casi dos años que acabó con el régimen de Mubarak.

La revolución la puso en marcha la oposición liberal y por un momento hubo mucha gente, especialmente liberales y progresistas occidentales, que creyeron que los liberales constituían una mayoría en Egipto. Los resultados de las más de media docena de consultas celebradas hasta ahora muestran cuán equivocados estaban.

Los datos oficiales aritméticos y fríos indican que sólo un diez por ciento de los egipcios con derecho a voto ha rechazado la Carta Magna islamista.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora?

En febrero habrá elecciones legislativas. Los egipcios tendrán que acudir de nuevo a las urnas y se volverá a poner a prueba la fuerza de los islamistas.

Los Hermanos Musulmanes, a los que pertenece el presidente Mohammed Morsi, han ofrecido un diálogo a la oposición, pero ellos mismos se encuentran entre los liberales a un lado y los salafistas al otro. La realidad de experiencias similares muestra que los grupos religiosos fundamentalistas suelen querer más. Si los Hermanos Musulmanes siguen este patrón probablemente tenderán hacia los salafistas, que son en realidad sus aliados naturales.