Balagán

Sin solución en Irak

Las viñetas acerca de la situación en Irak se han multiplicado en los últimos días. La de Haaretz de ayer mostraba a Obama y Kerry en el despacho oval viendo en televisión el avance de los yihadistas del Estado Islámico en Irak y el Levante. Obama le preguntaba a Kerry: "¿Dónde está Saddam ahora que lo necesitamos?

El presidente americano sigue deshojando la margarita de una nueva intervención militar sin acabar de decidirse, pero cualquiera de las opciones que tiene sobre la mesa es mala, o mejor, muy mala, y ya es demasiado tarde para cambiar el trágico destino de Irak.

Chuck Hagel, el jefe del Pentágono, ha señalado que el problema de Irak es el sectarismo. Soy de la misma opinión, aunque no me explico cómo no lo vieron antes los americanos, pues una comunidad que pone el acento en la propia identidad de una manera exclusivista está condenada a enfrentarse con otras comunidades que estimulan y exacerban su propia identidad, máxime en un estado en el que viven comunidades diversas.

En una ocasión el historiador Tony Judt escribió: "Desconfío de cualquier política de identidad", es decir de la identidad que se utiliza como cimiento de la política, y no hay nada más cierto, especialmente en el siglo XXI.

Sin embargo, buena parte de la población del planeta sigue apegándose a la identidad grupal con todas sus fuerzas, y lo más grave es que hay políticos que la fomentan por intereses propios, que convierten la identidad en un instrumento tribal y agresivo, que la alimentan ufanamente desde las escuelas infantiles, que la utilizan como arma arrojadiza o simplemente que creen que la humanidad tiene que permanecer atada por las identidades grupales, incluso a estas alturas de la historia.

Cuando Chuck Hagel habla del sectarismo como principal problema de Irak, da completamente en el blanco. Desgraciadamente, a día de hoy todo parece indicar que las cosas no van a cambiar en este aspecto crucial en ese país.

El viñetista de Haaretz, Biderman, da en el blanco cuando nos presenta a Obama echando de menos a Saddam Hussein, porque los desastres que causó Saddam Hussein son un sencillo juego de niños comparados con los desastres ocurridos desde su desaparición hace una década.