Opinion · Balagán

Éxodo en Gaza

Millares de palestinos iniciaron el domingo el éxodo del distrito de Beit Lahiya, en el norte de la franja de Gaza, hacia el sur, después de que la aviación israelí lanzara sobre esta localidad octavillas dando a la población un ultimátum que expiraba a las 12 del mediodía.

Las octavillas advertían de que se iba a atacar objetivos terroristas. “La operación del ejército será temporal y corta. Aquellos que no cumplan estas directivas pondrán en peligro sus propias vidas y las vidas de sus familias. Tened cuidado, manteneos seguros”, añadía.

Cientos de familias iniciaron el éxodo inmediatamente. La UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas que trabaja con los refugiados, dijo que 4.000 personas habían abandonado Beit Lahiya, aunque hay que tener en cuenta que muchos de los nuevos refugiados no se registaron en la UNRWA, por lo que su número podría ser mucho más elevado.

La UNRWA habilitó en un primer momento 10 escuelas de Gaza para dar cobijo a los refugiados y anunció que se disponía a abrir más escuelas en las próximas horas.

Hamás, por su parte, pidió a los vecinos de Beit Lahiya que no abandonaran sus casas, y muchos optaron por quedarse aun a riesgo de sus vidas. Algunas familias indicaron que se iban a juntar en una habitación para que en el caso de que las bombas israelíes alcanzaran sus viviendas, mataran a todos los miembros de la familia y no dejaran niños huérfanos.

Los palestinos no se fían de Israel y mucho menos de la afirmación «la operación del ejército será temporal y corta». Esta misma frase da vueltas en la cabeza de innumerables palestinos que la escucharon en 1948, cuando la Haganah los expulsó de sus pueblos prometiéndoles que pronto podrían regresar.

No cabe duda de que las milicias utilizan Beit Lahiya, como casi todo el norte de la franja, para disparar sus cohetes contra Israel, y que el ejército se ve impotente para hacer frente a sus tácticas, de manera que toma represalias contra los civiles, no sólo en Beit Lahiya, sino en toda la franja de Gaza.

En el caso de Beit Lahiya, expulsar de sus casas a millares de civiles de toda edad y condición no deja de ser otro crimen de guerra.