Balagán

Decepción en Palestina

La retirada de la propuesta que los palestinos habían presentado ante la FIFA llegó el viernes por la tarde, en el minuto 90, y permitirá a Israel seguir jugando en las competiciones internacionales.

No habrá suspensión de la Federación de fútbol israelí, algo que ha causado una profunda decepción en Palestina.

Contra la ocupación no se puede luchar en las Naciones Unidas puesto que Israel cuenta con el veto sistemático de Estados Unidos, de ahí que muchos palestinos pensaran que el marco de la FIFA fuera el adecuado para combatir la ocupación, la discriminación y el racismo.

No será así. En Zúrich no había posibilidad de veto, pero fue la comunidad internacional la que forzó la retirada de la propuesta de suspensión de Israel.

El primer ministro Benjamín Netanyahu tocó las teclas apropiadas en Washington y tanto Europa como los países árabes presionaron a los palestinos para retirar la propuesta.

Fuentes israelíes indicaron que el presidente de UEFA, el francés Michel Platini, advirtió a los palestinos que su iniciativa no se iba a aplicar, aunque la aprobara la FIFA como todo parecía indicar.

Los países árabes también presionaron a los palestinos. No debe extrañar nada. Ayer mismo la agencia de noticias iraní informó que los Huthi han ocupado la embajada de Arabia Saudí en Yemen y han encontrado allí un importante alijo de armas israelíes.

A principios de año la cadena americana Fox ya informó de la presencia de misiles de patente israelí en Arabia Saudí.

No podía ser de otra manera. En Palestina las críticas se dirigen tanto contra el presidente de la Federación de fútbol, Yibril Rayub, como contra el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás.

Es muy difícil imaginar que la retirada de la propuesta palestina se haya producido por iniciativa de Rayub, sin contar con la anuencia de Abás. Abás lleva más de una década en el poder y en esos diez años la ocupación se ha consolidado mientras él permanecía con los brazos cruzados.

En cualquier caso, la resolución del conflicto pasa necesariamente por una intervención enérgica de la comunidad internacional, y en Zúrich se ha visto con claridad que la comunidad internacional no tiene ninguna intención de intervenir, y mucho menos enérgicamente.