Opinion · Balagán

Espías israelíes, nueva camada

La firma israelí de espionaje “creativo” Black Cube realiza trabajos especiales por todo el mundo, incluidos los Estados Unidos y Europa. Aunque Black Cube dice que respeta las leyes de los lugares donde trabaja, la realidad es que en su corta vida ya se ha visto inmersa en algunos escándalos sonados, a pesar del secretismo con que trabaja, sin ninguna transparencia.

La firma la fundaron en 2010 varios exagentes del Mosad (servicios secretos para el exterior), el Shin Bet (servicios secretos para Israel y los territorios ocupados) y Aman (servicios secretos militares).

Pocas dudas puede haber en el sentido de que Black Cube es una organización comercial blanqueada de los servicios secretos israelíes que opera en todo el planeta en connivencia con el gobierno israelí.

Desde hace varios años han ido saltando a los medios de comunicación distintas operaciones de Black Cube, algunas de ellas bastante problemáticas. Como sea que la firma israelí tiene oficinas en París y Londres, debería ser un motivo de preocupación para los europeos.

Este fin de semana, el diario Haaretz ha revelado que Black Cube espió a funcionarios de la administración de Barack Obama.

Menciona el caso de Caroline Tess, quien “coordinaba todas las perspectivas legislativas relacionadas con el acuerdo nuclear iraní”.

Es difícil creer que el gobierno de Benjamín Netanyahu no estaba detrás de esta iniciativa de Black Cube.

En mayo pasado, el Observer y el New Yorker ya publicaron artículos sobre el espionaje a que fueron sometidos destacados miembros de la administración de Obama, como Ben Rhodes, consejero para comunicaciones estratégicas, o Colin Khal, consejero del entonces vicepresidente.

Esa operación también tenía que ver con Irán, pero fracasó y trascendió a la prensa.

Este tipo de operaciones socavan los principios democráticos más elementales. De hecho, el trabajo de Black Cube es ante todo un trabajo contra la democracia que, sin embargo, los países occidentales permiten que se haga aunque redunda claramente en su perjuicio.