Opinión · Balagán

Adiós a Amos Oz

La muerte de Amos Oz ocurrió el viernes, después de que el cáncer se le complicara y se expandiera rápidamente por todo su cuerpo en las últims semanas. Falleció acompañado de sus seres queridos a la edad de 79 años.

Amos Oz había nacido en Jerusalén y comenzó a publicar a los 22 años. Con el paso del tiempo se convirtió en el autor más célebre de Israel, recibiendo innumerables galardones internacionales, aunque no el premio Nobel, para el que fue candidato en varias ocasiones.

Solo he leído algunos de sus libros. Me parece un autor desigual. “El mismo mar”, por ejemplo, es una pequeña novela que se desarrolla en una ciudad dormitorio costera próxima a Tel Aviv, pero la encontré demasiado justita.

En cambio, el libro autobiográfico “Una historia de amor y oscuridad” es quizás el más conseguido. Se publicó en 2002 y se llevó al cine recientemente, en 2015. Se tradujo a muchas lenguas y tuvo una excelente acogida en todo el mundo.

Algunas partes del volumen son realmente excelentes, aunque otras no lo son tanto.

De algunos escritores se dice que se convirtieron en la conciencia de un país, y esto es algo que conviene especialmente a Amos Oz, quien continuamente trataba de despertar a sus conciudadanos para que se acercaran a la paz.

En las innumerables entrevistas que concedió siempre tenía tiempo para ese menester. Yo tuve la suerte de entrevistarlo en dos ocasiones y naturalmente habló de la paz con los palestinos diciendo siempre que estaba a punto de ocurrir, aunque a veces daba la impresión de estar desconectado de la realidad.

En una de sus últimas entrevistas dijo que todos los países del mundo deberían seguir el ejemplo de Donald Trump y reconocer Jerusalén como capital de Israel, para acto seguido reconecer Jerusalén este como capital del estado palestino.

Creo que Amos Oz no supo calibrar convenientemente la evolución de su pueblo, cada vez más a la derecha, cada vez más nacionalista, cada vez más religioso. Es evidente que debió ver estas ciercunstancias de las que habla en uno de sus últimos libros, aunque no le concedió la importancia que tienen en una sociedad cada vez más involucionista.