Balagán

Jordania y el coronavirus

Jordania ha adoptado en las últimas semanas una serie de medidas drásticas para frenar la propagación del coronavirus, lo que hasta ahora se ha traducido en que solamente se contabilizan 340 contagios.

El gobierno ha aislado la capital, Ammán, del resto del país, ha cerrado las fronteras con todos sus vecinos (Arabia Saudí, Israel, Siria e Irak) y ha clausurado todo su tráfico aéreo.

El país está bajo un toque de queda cuyo rigor se ha reducido después de que se registraran incidentes en el reparto de alimentos. Las calles de Ammán y de otras ciudades están llenas de soldados y policías que obran con determinación para impedir que la gente abandone sus domicilios.

Los hospitales jordanos están necesitados de mascarillas, respiradores y personal médico.

Además de su propia población, Jordania cuenta con unos 800.000 refugiados sirios y con millares de refugiados iraquíes, lo que significa que el esfuerzo que debe hacer el país es mayor del que le permiten sus capacidades.

La precaria economía jordana había experimentado en los últimos meses cierto equilibrio, y para 2020 se pronosticaba un crecimiento del PIB del 2,1 por ciento. Sin embargo, la pandemia ha echado por tierra esa predicción.

La industria del turismo ha caído en picado y las autoridades creen que no se recuperará hasta un año después de que finalice la crisis. Para Jordania, el turismo significaba la entrada de 5.000 millones de dólares cada año, lo que representaba el 12,5 por ciento de su PIB.

El rey Abdallah ha pedido a los sectores más pudientes que contribuyan con el estado para paliar los efectos de la pandemia. Algunos empresarios han respondido al llamamiento solidario.

El dueño de los concesionarios de Toyota ha donado al ministerio de Sanidad 141.000 dólares. La compañía farmacéutica Hikma ha donado al estado cerca de 4,5 millones de dólares. Y entre quienes han arrimado al hombro están los empresarios sirios, que hasta ayer eran refugiados, y que ahora han donado cerca de 1 millón de dólares.