Balagán

El agua del Nilo se democratiza

Egipto ha estado acostumbrado durante décadas a ser el principal, y casi único, beneficiario de las aguas del Nilo, una situación que ahora toca a su fin.

Etiopía anunció la semana pasada que ha comenzado a llenar el gigantesco embalse Renacimiento, una circunstancia que ha disgustado profundamente a los egipcios.

La construcción de la presa, que se inició en 2011, justo coincidiendo con las llamadas primaveras árabes, ha requerido una inversión de 4.000 millones de dólares.

Aunque llevan años lanzando amenazas contra Etiopía, los egipcios poco pueden hacer para evitar el paso que ha dado Adis Abeba.

Y esto no es lo peor, puesto que el curso del Nilo fluye por ocho países y más pronto que tarde algunos de ellos también querrán beneficiarse de sus aguas. De hecho, Uganda ya ha anunciado un proyecto para construir una gran presa a un coste de 1.400 millones de dólares.

Otros países como Tanzania, el Congo, Sudán del Sur, Burundi, Ruanda y Kenia, que están en fase de desarrollo, podrían ser los siguientes en querer aprovecharse del gran río.

Un acuerdo de 1959 entre Egipto y Sudán que ignoraba al resto de países interesados, estipulaba que los dos países se repartirían el agua del Nilo. Sudán se quedaría con 18.500 millones de metros cúbicos mientras que Egipto acapararía 55.500 millones de metros cúbicos.

Egipto ha venido alegando que los países africanos por los que atraviesa el Nilo reciben una gran cantidad de agua de lluvia que deberían almacenar, una posibilidad alternativa que Egipto no tiene.

La realidad es que la situación está cambiando y va a continuar cambiando en relación con el gran río. En algún momento los egipcios tendrán que aceptar los cambios y negociar con Etiopía y con otros países el reparto del agua.

A pesar de las amenazas, no parece muy probable que Egipto tome represalias militares contra la democratización del Nilo, algo que es inevitable y que va a afianzarse en los próximos años.