Plácido Domingo, otra víctima de la ola #MeToo

Plácido Domingo, en una imagen de agosto de 2020 en Italia. (EFE)

Plácido Domingo volverá a cantar en España. Empezará este mismo miércoles, 9 de junio, con una aparición en una gala organizada por la Fundación Excelentia para Cruz Roja, que recaudará fondos para las personas más vulnerables en pandemia. Parece recochineo pero no, así se llama la fundación, Excelentia, y para eso es el dinero, para "personas vulnerables".

El grito del hombre medio en España es siempre el de que las mujeres podemos destrozar no solo la carrera de un hombre simplemente hablando, sino la vida en general (además de mandarlos al calabozo sí o sí). Es curioso que sigan con la matraca teniendo la realidad ante sus ojos: raro es el caso del famoso que ha sido acusado durante la ola del #MeToo y no siga exactamente donde estaba (si exceptuamos a los que abusaron de varones, como Kevin Spacey, que eso sí es intolerable y no lo contrata ni dios).

Hoy la misma desvergüenza se materializa en la gira que hará Domingo plácidamente por España, porque después de Madrid y para Cruz Roja, este señor cantará en Marbella para el Festival Starlite , cuyos organizadores aseguran de que se trata de -y cito- "una gran fiesta en su honor".

Plácido Domingo acosó sexualmente, que sepamos, a 20 mujeres. Esas 20 mujeres que dieron el paso de hacer público lo que sufrieron, ven cómo su acosador sigue siendo contratado por fundaciones y festivales, recibe aplausos y fiestas en su honor, y que hasta instituciones humanitarias como Cruz Roja se unen a la red de apoyo y contrataciones del tipo en cuestión.

Entre sus víctimas, se encuentra ellas Angela Turner, que con 28 años sufrió a un Plácido Domingo de casi 60 magreándole los pechos en un camerino. No solo hablaron ellas, también trabajadores de la Ópera de Estados Unidos. Porque esa es otra, solo han hablado estadounidenses pero este señor ha estado cantando alrededor del mundo durante décadas. Sólo él puede saber cuántos cadáveres tiene en el armario -si es que llega a acordarse de todas, lo cual dudo mucho-. No creo que nadie piense que este tipo de comportamientos los reservaba para un país determinado.

Sus víctimas -hablaran o no- comprueban, mudas de nuevo, que los patriarcas corren a reconstruir la imagen y figura de quien usó su poder para cosificarlas y acosarlas sexualmente. Es otra de las consecuencias de que sean mayoritariamente hombres quienes copan las cúpulas directivas: si empatizan con alguien no es precisamente con las víctimas del sistema que les da privilegios.

Plácido Domingo, por su parte, que asumió en su día las responsabilidades de sus acciones, está encantado, por supuesto, y dice estar feliz de "volver a cantar para mi gente".

Y ya está. Se acabó la historia. Aquí no ha pasado nada y vámonos que the show must go on. 

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