La olla de cangrejos

Montaje publicado por el partido de extrema derecha Vox en sus redes sociales

Desde el asesinato homófobo de Samuel hasta el feminicidio de este lunes en Alicante, pasando por las agresiones homófobas de un tiempo atrás, tienen un origen único: el patriarcado. El sistema en el que vivimos.

He visto a compañeras frustradas porque no se le da la misma relevancia en los medios a las agresiones o asesinatos homófobos de los que se les da a los machistas. Y es cierto, se ha escrito e invertido mucho más tiempo en la homofobia que en el machismo, pero también es cierto que la homofobia ha sufrido un repunte preocupante, y algo así no puede no ser relevante. El problema no es que en determinados momentos, una tema ocupe más tiempo y espacios en los medios de comunicación, el problema es que si las agresiones y los asesinatos homófobos se prolongan en el tiempo, la homofobia, quedará relegada donde ha quedado relegado el machismo: al rincón de sucesos, a las noticias fugaces en el teladiario, al "cosas que pasan", al "ya hemos visto tanto de esto que os enseñamos una muestra corta". Pero ambas violencias provienen del mismo sitio, del sistema, no podemos olvidarlo.

Después de que el feminismo haya presionado para que telediarios y prensa abrieran con cada feminicidio, el interés social ha ido bajando. Vuelve a verse de nuevo como una misma noticia repetida, una violencia contra la que parece que no se puede hacer nada; se tiende al derrotismo y se acaba prefiriendo no estar al tanto. Porque la impotencia sostenida en el tiempo acaba en ganas de olvidar, en hacer como si no.

Activistas LGBT han salido a la calle para denunciar, para chillar, para abrirse en canal y soltar su rabia, tal y como las activistas feministas lo hemos hecho siempre. Son luchas hermanas de base, por eso son tantas activistas las que acuden a ambas convocatorias, conscientes de que es el mismo mazo el que aplasta a unas y a otros. Pero si no se mantiene la presión social, lo que está ocurriendo con la violencia machista, con los feminicidios, con las tropelías judiciales, salpicados de ese desdén político y una invisibilización naciente en medios generalistas y de grandes shares, ocurrirá a las compañeras lesbianas y compañeros gays. La homofobia y lesbofobia quedará entonces reducida a pequeñas muestras de varios segundos en telediarios, noticias que será recibida por la sociedad con la mirada perdida y la cabeza en otra cosa.

Los que cuecen cangrejos saben qué técnica es esta. Los meten vivos en una olla de agua fría, y la ponen el fuego, muy lento, muy bajo, al principio. Van aumentando la temperatura tan poco a poco, que los cangrejos no notan que los están comenzando a cocer. Para cuando el fuego rodea la olla, los cangrejos están muertos. No hace falta ponerle ni tapa a las ollas, no llegan a salir.

Esto está pasando en nuestra sociedad. Ya pasó toda la vida con las mujeres, hasta que la ola feminista enfrió la olla, señaló las intenciones del sistema, de su querer cocernos a fuego lento. Ahora lo intenta el activismo LGBT con sus propios compañeros víctimas del mismo tipo y la misma olla. Pero es que el sistema es demasiado perfecto, tiene demasiada ayuda de la estructura institucional, el tipo que le da fuerza al fuego es demasiado grande si no nos unimos de forma eficaz contra él.

Porque lejos de quedarnos como estamos, vamos a peor, la homofobia y el machismo se ven legitimados con un partido -aún sin ilegalizar- que sabe que puede permitirse comunicaciones así, y peores:

Apartar la mirada para no ver, para no saber, no nos va a proteger. Si la impotencia llega al hartazgo, canalicémosla de otras maneras, no hacia la desidia sino hacia la lucha, el activismo, el instruirnos, la organización. Cerrar los ojos no solo no parará al sistema, cerrar los ojos servirá para lo mismo que ha servido históricamente: abrirlos cuando el odio llame también a tu puerta, y ahí ya será demasiado tarde.