Cuando los hombres beben vs. cuando beben las mujeres

Imagen de Edward Lich en Pixabay

La magistrada que juzgaba el caso de Rita -una mujer de 57 años asesinada en Calp por su pareja- sentenció este miércoles que el asesino no debía cumplir los 20 años que pedían Fiscalía y acusación, sino la mitad. ¿Por qué? Porque había bebido. Ni siquiera la defensa había pedido este atenuante, ni siquiera había partes médicos que certificaran su tasa de alcohol en sangre. Por si fuera poco, el jurado popular no aplicó el agravante basado en el sexo. No vio que hubiera aquí ningún tipo de diferencias ni de dominación.

¿Saben qué ocurre? Que la víctima también había bebido. Y de esto sí había pruebas claras. La autopsia reveló que la tasa de alcohol de Rita en sangre era de 2.2.

El alcohol -y la desinhibición que conlleva- marca con frecuencia el lugar que ocupan realmente mujeres y hombres en la sociedad. Si nosotras nos emborrachamos, somos más vulnerables precisamente ante los hombres, y se nos culpa a nosotras si ellos ejercen violencia sobre nosotras. Pero cuando son ellos quienes se emborrachan, hay que aplicar atenuantes y excusas ante lo que sea que nos hagan. Incluso cuando nos matan.

Este jurado popular, sin ir más lejos, no solo no aplicó el agravante correspondiente, sino que explicó que a esta pareja se la solía ver beber y pelearse, con "empujones mutuos", por lo que ¿dónde estaba la dominación? Al parecer, quitarle la vida de una puñalada a una mujer no revela ningún tipo de dominación por parte de su asesino. Porque es que ella también se las traía, ¿eh?  "se la vio" alguna vez empujándose con él. Nadie pareció darse cuenta de que al decir eso están remarcando que había testigos de la violencia que sufría por parte del que la acabó matando. Todo hombre que mata a su mujer es y ha sido un maltratador; ningún hombre mata a su pareja de pronto, de la nada. Pero de esto nada sabe ni magistrada ni jurado, por supuesto. No hay que saber nada sobre violencia machista para opinar y sentenciar sobre violencia machista. Ya hemos visto antes sentencias vergonzosas e insostenibles emitidas directamente por los juzgados especializados en violencia machista.

Podemos preguntarnos cuanto queramos para qué existen siquiera los jurados populares, pero ¿acaso sirvió de algo la jueza? Fue ella quien, unilateralmente, rebajó de 20 años a 10 la pena del asesino. Podemos decir que, bueno, cabe recurso. Sí, pero esta jueza ya ha "impartido" justicia antes y lo seguirá haciendo hasta que se jubile. Y bajo ese mismo sesgo. Sin que nada le pase. Y como ella, absolutamente todos los jueces que nos regalan titulares cada día. Cabe recurso, sí, con suerte, el siguiente magistrado es diferente a todos los jueces de esos titulares. Porque cada día leemos sentencias de vergüenza, con víctimas mujeres revictimizadas que se van a casa con una palmadita en la espalda, si es que ha sobrevivido. O asesinadas cuyas vidas fueron infiernos porque no importaban al sistema y una vez muertas, se las entierra sin más. Una detrás de otra. Cada semana. Cada mes. Cada año. Mujeres de todas las edades y también niñas. Esposas de sus asesinos, novias de sus asesinos, vecinas de sus asesinos, madres de sus asesinos, hijas de sus asesinos. Cada semana.

Este feminicidio, este jurado y este juicio son solo una pequeñísima muestra de cómo funciona el sistema. Por muy sangrante que sea este caso, por muy indignante que nos parezca, es solo una mini representación de nuestra sociedad. Y ahí debería nacernos la verdadera rabia. Pero no, el propio sistema te dirige por dos caminos, el que más te convenga: o bien no ves problema alguno es este tipo de noticias, o bien te ha cabreado pero crees que son casos aislados, fallos muy concretos. Minucias, realmente, si lo comparamos con lo bien que funciona todo.

Cuando cada pocos días un hombre mata a una mujer o una niña, cuando cada 5 horas se presenta una denuncia por violación en este país, cuando hay acumuladas decenas de miles de denuncias por violencia machista cada año, es que el sistema no funciona. O lo podemos mirar desde otra perspectiva: funciona a la perfección, pero solo para una mitad de la sociedad. Esa mitad que, según Vox y sus acólitos, están siendo violentados por la izquierda. Esa mitad que es víctima de leyes hembristas. Esa mitad que un 20% de jóvenes consideran ahora el objetivo de un invento ideológico (el doble que en 2017,  cuando Vox no ocupaba un lugar en el Congreso de los Diputados). Esa mitad que cobra más, que tiene mejores empleos, que avanza en sus carreras laborales. Esa mitad que no cría y educa a sus propias criaturas. Esa mitad que invierte mucho menos tiempo (si invierte alguno) en mantener decentes sus propios hogares. Esa mitad castrada por el feminismo, acusada siempre de privilegios que no existen. Esa pobre, vulnerable e incomprendida mitad de la sociedad.

Escucha el último programa de Radiojaputa.

Cada lunes un nuevo capítulo en publico.es