Exploradores del cosmos laboral

04 Oct 2010
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No sé si se han dado cuenta, pero cada cierto tiempo aparece un reportaje sobre alguna empresa “innovadora” a la hora de “motivar” a sus trabajadores. El asunto se plantea como un derroche de modernidad y riesgo, aunque básicamente de lo que se habla es de la abundancia de colores en la decoración y la falta de paredes que hace imposible la intimidad –uy, no- que favorece la convivencia. Los muebles son divertidos, y una reunión de trabajo, si estás sentada en un puf con forma de cerdito, te puede alegrar la mañana. Perdón por el sarcasmo pero no puedo dejar de evocar la pesadilla de esas empresas “felices” made in USA que obligan a sus empleados a hacer la conga por el pasillo.

     Por supuesto que exagero un poco y hay algunos avances encomiables, la conciliación entre la vida familiar y la laboral, y todo eso. En la última entrega de esta noticia recurrente leí que la compañía de turno admitía flexibilidad de horario… siempre y cuando hubiera completa disponibilidad de 10 a 17 horas, para reuniones.

     Mucha gente ha dejado de hablar ya de lo dura que ha sido la vuelta del verano para empezar a contar los días que faltan para Navidad. Si a esto se suma el problema del paro… a lo mejor no resulta tan descabellada la posibilidad de repartir el trabajo, o al menos plantearlo. Lo hace el economista francés Serge Latouche, impulsor de la teoría del decrecimiento, o en nuestro país Carlos Taibo, entre otros. En los últimos años se han publicado varios libros sobre el tema pero el debate no llega a la calle, me parece que tampoco a los partidos.

     Lo que un investigador necesita -afirmaba el astrofísico Carl Sagan- es imaginación y escepticismo. A mí me parecen dos premisas perfectas para introducir en el debate laboral todos esos temas que de verdad podrían innovar y motivarnos: el decrecimiento de la producción y el consumo, el reparto del trabajo, la flexibilidad o la reducción de jornada, la renta básica, la regulación de ciertos empleos no retribuidos… Todo ello resultaría mucho más estimulante que ponernos un gorro con cascabeles para jalear la productividad de nuestra happy-empresa mientras combatimos la depresión post-vacacional participando en el sorteo de un “charity bag” en beneficio de los parados.