Faltan ideas, no individuos

En un mundo en el que las manifestaciones son anónimas y no necesitan líderes, no deja de llamar la atención ese empeño por parte de los dos grandes partidos de nuestro país en buscar una cara, una imagen de marca: medir quién tiene más tirón, valorar quién resulta más fotogénico. No deja de parecer increíble que el porcentaje de voto para el PSOE pueda variar tanto dependiendo de si es Zapatero, Chacón o Rubalcaba el candidato, cuando el programa es el mismo. Igualmente resulta patético que Francisco Camps enarbole como un mérito político ser “Paco” para “su presidente”. En el contexto global de hoy en día ese personalismo está obsoleto. Ni en Túnez, ni en Egipto, ni en Libia los manifestantes han salido a la calle enarbolando nombres concretos. Se defienden unas ideas en oposición a otras. Se reacciona ante algo. En Islandia, con su particular revolución, también las ideas precedieron a los nombres.

     De cara a nuestras próximas elecciones, frente a tanto personalismo hueco dan ganas de pedir inteligencia, aunque sea artificial. Si hace un tiempo se hablaba de un superordenador que pronosticara el futuro, me parece que en este momento nos convendría más uno que gestionara el presente. Parece que los pasos que se dan en ciberinteligencia son espectaculares y hay ordenadores  que son capaces ya incluso de aprender de sus errores. Realmente todo parecen ventajas: las máquinas no perderían el tiempo en pensar si salen bien o mal en la foto; se limitarían a manejar ideas, programas, justo lo que necesitamos. ¿Habrá que salir a decirlo a la calle?