Una china en el zapato

El "aristomundo"

     La semana pasada, viendo en la Fundación Juan March la exposición "Una vanguardia para el proletariado", me llamó la atención el cuadro de Deineka "Las desempleadas de Berlín". En él aparecen tres mujeres, cada una absorta en sus preocupaciones, sentadas en un banco, detenidas. Parte de sus cuerpos se confunde con el color ocre del fondo del lienzo, como si estuvieran en proceso de desaparecer, de deshacerse en girones.  

     Dio la casualidad que ese mismo día me encontré en el buzón de casa una tarjeta publicitaria de una firma de joyas exclusiva: Allí también aparecían tres mujeres, cada una feliz en su despreocupación, caminando con paso firme por una avenida. Iban cubiertas de joyas, lo que les daba una consistencia rotunda, una presencia metálica que se imponía al fondo, borroso. La relación entre ambas imágenes no fue solo fácil, fue irritante.

     El innegable aumento de las desigualdades sociales es un problema no solo económico sino ético. Lo que se nos pone delante de los ojos no son esos millones de parados, que parecen ir diluyéndose en su no-ser-vistos. Al contrario, el foco de atención es el mundo inalcanzable del súper lujo. Cada vez más lejos unos de otros.

     El nombre de la firma de joyas aludía al término "aristocracia". En su publicidad incluso se refería a las "aristogirls" y a su "aristoworld". Me dio la risa acordándome de la película animada Los Aristogatos, en ella los dos mundos extremos, el de los gatos callejeros y el de los nobles, se acercaban –jazz y amor de por medio-. Hasta Disney parece ya de izquierdas.

 

(Los Aristogatos, "Todos quieren ser un gato jazz")