Una china en el zapato

Saltando obstáculos

Un amigo me cuenta que su hija practica parkour. Una vez más (rogando que no la cierren), entro en la Wikipedia. Así me entero de que el parkour puede ser considerado un deporte, un arte, una filosofía, y que consiste en hacer un recorrido, lograr un desplazamiento rápido superando los obstáculos que se crucen en tu camino (escalones, muros, desniveles), adaptándote a lo que te encuentres. Un buen traceur (aquel que hace parkour), dice también la Wiki, "nunca molesta a la gente o al entorno, nunca pone en peligro su propia vida y nunca compite con otras personas".

     Saltar y superar obstáculos es hoy un deporte que ya nos valdría empezar a practicar a todos, porque obstáculos no faltan, y además son de los que pueden poner en riesgo la vida. Por ejemplo, el dinero que recauden con los impuestos en Grecia ya no irá a la gente (sanidad, educación, etc.) sino que se usará para pagar la deuda. La obsesión con el déficit cero es un muro difícil de saltar. Aquí en nuestro país, la muralla de los más de cinco millones de parados no podrá saltarla, a este paso, una generación.

     Christine Lagarde, directora gerente del FMI, dijo el otro día que "reducir deudas es un maratón, no un sprint". Quizás Lagarde intenta actuar como los más veteranos del parkour, que se ofrecen como voluntarios para iniciar a los más nuevos. En mi entorno madrileño, el término "voluntario" apareció en boca de Ana Botella como uno más de sus despropósitos. En lugar de saltar el muro que nos ponen delante, se nos pide que le demos una mano de pintura. Y encima gratis.