Una china en el zapato

Un poco de emoción

Hace unos días apareció en el New York Times una crónica sobre la vida de los trabajadores en una fábrica china de Apple. Los esclavos, perdón, los empleados estaban disponibles las 24 horas del día ya que sus dormitorios habían sido construidos dentro de las mismas instalaciones de la fábrica. Ante una urgencia, eran levantados a medianoche, se les daba una taza de té y comenzaban un turno imprevisto de 12 horas.  Esto funciona aquí, en Europa, la del estado de bienestar, como amenaza. La disyuntiva que se plantea es: o aceptas perder derechos o te quedas en la calle.

    Frente a esta situación uno se pregunta qué es el trabajo hoy en día o qué esperamos que sea. Las dudas son muchas: qué pasa con las actividades –que son trabajo- no remuneradas, ¿qué ocurriría si lo fueran? ¿Es posible, dentro de este sistema, el pleno empleo? Porque de darse, los  trabajadores decidirían salario y condiciones. Por otro lado, la economía productiva es 16 veces menor que la financiera, ¿ya no pinta nada entonces?  Todas las cuestiones son pertinentes porque no se trata de hacer funcionar a toda costa este modelo económico, sino de pensar qué modelo de sociedad queremos.

     La semana pasada, el primer ministro italiano Mario Monti animaba a la movilidad, al té inesperado a medianoche, afirmando que tener un puesto fijo era algo monótono. Quizás al señor Monti le resulte excitante el riesgo de quedarse en la calle, o considere desagradable una vida en la que se tenga asegurado un mínimo confort. Pero me temo que el 99% preferimos buscar la emoción en otra parte.