Monstruos Perfectos

Paul Newman (1925 - 2008)

vidalnewman.jpgGore Vidal en la segunda parte de sus memorias, de su propio libro de los muertos, Navegación a la vista, se acuerda varias veces de Paul Newman. Hoy, vuelvo a leer esos recuerdos después de un par de meses, precisamente cuando acabo de saber que Newman ha muerto:

(...) Paul demostró ser nuestra estrella entre las estrellas. Las mujeres a veces se comportaban de forma extraña cuando lo veían. Una vez estábamos caminando por la avenida Madison y una joven corpulenta se acercaba en dirección opuesta; él metió rápidamente la barbilla en el cuello del abrigo para esconder sus ojos de azul ártico. También apretó el paso. "Sigue andando", me susurró mientras pasábamos por su lado. De pronto se oyó un estrépito a nuestras espaldas. "No te vuelvas", dijo él, volviéndose; luego echó a correr. "¿Qué ha pasado?, pregunté. "Se ha desmayado", dijo, y se subió a un taxi.

Más memorias. Tennesse Williams en las suyas:

Paul Newman también es extraordinario. Le cuesta mucho entrar en un papel, pero cuando por fin lo consigue, es maravilloso.

Y yo, ¿de qué me acuerdo ahora que ha muerto? De su angustia en La gata sobre el tejado de zinc; de su rabia y de su miedo. De preguntarme por qué todas las mujeres pensaban que Redford y él eran los más guapos, y no verlo, no entender. De su magnífico papel de Sully Sullivan en Ni un pelo de tonto; mi Newman preferido por cómo transformaba su mirada en pantalla a Melanie Griffith en la mujer más deseable del mundo. De su cara dibujada en los frascos de salsa. Y poco más. Tampoco creo que a él le interesara un lugar de honor en los iconostasios. Paul Newman no parecía una estrella que se construyera en la fascinación de los demás. Tenía cosas mejores que hacer. Morirse en casa, bien rodeado, por ejemplo.

"Se ha muerto Paul Newman", me han dicho. Y lo primero que se me ha pasado por la cabeza ha sido: "Liz, cabrona, los has enterrado a todos".