¡Que hable, que hable..!

El Fashion Group International –una influyente asociación de profesionales de la moda– celebró la semana pasada en pleno Wall Street una gran gala para celebrar sus bodas de plata. (“¡Plata!”, gritaban con ilusión algunos brokers despistados). Un lucido evento al que acudieron grandes estrellas internacionales de la lencería bíblica (Prince), la cienciología ceñida (Jennifer López), o la empresa familiar (Donatella Versace con su menguante hija y heredera del imperio, Alegra).
Todo eran risas salteadas con besos al aire en la alfombra roja, y champán para empapar los canapés mordisqueados a la orilla del plato en el interior del restaurante Cipriani.

Hasta que apareció sobre el escenario el incansable y autocombustible Philippe Stark, que ejercía como maestro de ceremonias del sarao, y saludó a la concurrencia como “la mayor concentración de gente inútil en el mundo”. Aplausos. “Total, hemos aplaudido ofensas mayores de Stark, y hemos pagado dinerales por ellas, así es que por qué no íbamos a aplaudir esta, que es gratis.” Debieron de pensar los presentes.

Más tarde, le llegó el turno a Karl Lagerfeld  y a su discurso: “La moda es armonía entre belleza y utilidad. La alfombra roja distorsiona la moda y le da un aire falso”. Más aplausos. La mayor concentración mundial de inútiles ni se dio cuenta de que incluso Karl estaba hasta la coleta de su estupidez. Un exitazo de fiesta. Otro más.