“Los gays ya no son guays”

Libérrima traducción de algunas pancartas que han salido a las calles de California estos días, después de que el martes ganara el voto a favor de la Proposición 8 que ilegaliza el matrimonio homosexual: “No more Mr. Nice Gay”.

Se acabó lo que se daba; las manifestaciones festivas, los coloristas días del orgullo, la mierda esa de la sensibilidad especial, la ternura y el ansia por agradar. Las maricas y lesbianas californianas están que trinan después de que sus paisanos hayan ido a las urnas para negarles un derecho civil: el matrimonio.

Lo mismo que intentaron aquí hace unos años los sectores más reaccionarios con marchas a favor de su familia –que es la que importa, exporta y a veces hasta trafica– en olor de santidades, laca a granel y naftalina. Lo mismo que a la reina Sofía y a  Pilar Urbano, mano a mano, cardado a cardado, les gustaría que dictaminase el Tribunal Constitucional.

Los gays californianos están cabreados, y con razón; por eso han dejado de ser tan majos y se lanzan a las calles a pegar gritos, a pedir explicaciones sobre el concepto de igualdad de sus vecinos y su idea exacta del Yes, we can.

Welcome to the Hotel California. Mientras nosotros, en nuestra pensión, agachamos las orejas porque la reina dijo que lo suyo fue un error de interpretación y volvemos a integrarnos, normalizarnos y hasta neoliberalizarnos (algunos) para no molestar, que es lo que tendríamos que hacer.