Monstruos Perfectos

Nuevas líneas de negocio

Leo en la revista Slate un reportaje donde descubro que muchos bancos de esperma norteamericanos ofrecen descuentos especiales para aquellos soldados que quieran donar su semen antes de marcharse a la guerra en Irak. Algunos lo hacen porque tienen miedo a quedar estériles a causa del efecto de las armas químicas, otros porque asumen que pueden morir allí. Y los negocios seminales venden el servicio con el argumento de que "la guerra también puede traer algo bueno".

Es inquietante. Es enfermizo. Es siniestro. No que una viuda de guerra quiera engendrar un hijo de su marido muerto -yo no entro en eso, no me parece mal, ni raro, ni morboso; ningún deseo que tenga que ver con los amores o los duelos me lo parece. Lo que me resulta inquietante, enfermizo y siniestro es pensar en el comercial de cualquiera de esos bancos de semen en el instante del engendro de su brillante idea. Lo que me aterra es imaginarme a su director de comunicación a vueltas con la estrategia a seguir para que su nueva promoción consiga el impacto que pretende obtener entre su público objetivo, llegue a su target (literal).

Lo peor de todo es, como siempre, lo que no nos cuentan. Lo más aterrador es que una de esas madres y su hijo ya tienen nombre y aparecen en los medios de comunicación. No sé si previo pago. No sé si después de que un periodista les convenciera de coger el dinero, posar y hablar, con el argumento de que "la guerra también puede traer algo bueno".