Opinion · El rincón del ñángara

Chávez, la guarimba y el majunche

Erase una vez un país en el que el Gobierno (que había obtenido un impresionante respaldo popular en las elecciones recientes) hacía todo lo contrario de lo que había prometido en campaña. Redujo los servicios públicos, subió los precios y bajó los salarios, disparó el desempleo, jibarizó las políticas sociales y perjudicó mucho a las clases populares. Entonces la gente se echó a la calle y se generalizaron las protestas. El Gobierno respondió con inusitada violencia y….
¿Les suena?
Seguro. Pero no es lo que están pensando. Eso es lo que ocurrió en Venezuela en 1.989, lo que se conoce como el caracazo. El levantamiento popular contra las políticas neoliberales de Carlos Andrés Pérez. Aquel amigote de Felipe González, que antes de morir en su exilio de Miami, alentaba abiertamente al magnicidio contra Hugo Chávez.
Dicen en Venezuela que en los días del caracazo la gente salió de sus casas y todavía no han vuelto todos. Es posible. Lo cierto es que 24 años después, no se puede comprender nada de lo que ocurre en ese país sin tener en cuenta aquella ciclogénesis explosiva y sus cientos de muertos. El big bang del que emergió más tarde la figura de Chávez apoyado por la mayoría social que bajó desde los “ranchitos” pobres de los barrios de Caracas y barrió el régimen sustentado por el bipartidismo de los socialcristianos de Copei (los copeyanos) y los socialdemócratas de Acción Democrática (los adecos) fervientes seguidores del catecismo neoliberal del FMI. Seguro que también les suena de algo
Esa mayoría que en los últimos 14 años ha ganado 4 elecciones presidenciales, 4 parlamentarias, y 4 referéndums (ha perdido uno), es la que se enfrenta ahora a los nuevos comicios.
En Venezuela las clases sociales están tan polarizadas como los votos. El 7 de octubre la batalla se decide entre dos grandes bloques: el frente popular liderado por Chávez que se denomina Gran Polo Patriótico y la derecha unificada en la llamada Mesa de la Unidad Democrática que incluye a los partidos de la burguesía tradicional y algunos otros pequeños colectivos que abarcan desde formaciones neofascistas a antiguos chavistas ahora desafectos.
¿Y las perspectivas?
Casi todas las encuestas solventes avanzan la victoria de Chávez con una ventaja por encima de los 10 puntos, pero hay un porcentaje de indecisos (los llamados “ni-ni”) que oscila alrededor del 20 por ciento cuyo peso está por determinar. El referéndum sobre la reforma constitucional del 2007, que perdió Chávez, destapó además otro fenómeno demoscópico: que hay un voto oculto, que no se manifiesta en las encuestas y que se traduce en que el voto real de la derecha esta algunos puntos por encima de lo que reflejan los sondeos. Falta por definir el desgaste de la figura del presidente después de 13 años de gobierno y el impacto de algunos fracasos de su política cómo la erradicación de la criminalidad… que no es tanta cómo predican los detractores, aunque haberla hayla. Todo apunta a que Chávez ganará con cierta comodidad, aunque no con tanta cómo en las pasadas presidenciales del 2006, en las que derrotó a Rosales (hoy acusado de corrupción y huido de Venezuela) por un contundente 63% de votos
La guarimba es como llaman en Venezuela a las acciones de grupos organizados para provocar, sembrar el caos y ocasionar enfrentamientos. El término no está registrado en el diccionario, pero para entendernos, definiría lo que están haciendo ahora en nuestras manifestaciones los policías infiltrados disfrazados de “radicales”. La guarimba ha sido una táctica utilizada con profusión por la derecha venezolana durante esta década. Lo notable es que en esta ocasión ha cambiado radicalmente la estrategia. El propio candidato de la derecha, Capriles Radonski, fue en su día un destacado practicante de la guarimba. Durante el golpe de estado del 2002, mientras Chávez estaba prisionero en la isla de Orchila, Capriles, que a la sazón era alcalde de Baruta, dirigió el asalto a la embajada de Cuba en Caracas donde se había refugiado el vicepresidente de la República, Diosdado Cabello. Eso fue hace 10 años, cuando el candidato estaba en la extrema derecha. Ahora su estrategia de campaña es radicalmente distinta. Asume algunos de los logros de la revolución bolivariana, como son las misiones sociales y trata de pescar votos en las aguas del chavismo presentándose como un candidato progresista. Ha llegado a decir que quiere hacer una política cómo la de Lula en Brasil, lo que le ha ocasionado un aluvión de puyas desde el chavismo, que ha recordado su procedencia de una de las familias más ricas de Venezuela. En el último tramo de campaña Capriles se ha centrado en el voto femenino, sin mucha fortuna, porque ha desplegado una retórica empalagosa propia de un culebrón venezolano. “Las mujeres son todo para mí: mi fortaleza y mi debilidad” les ha dicho sin inmutarse a un grupo de seguidoras reunidas en Monagas
El “majunche” es una palabra que sí tiene traducción en el diccionario. En venezolano coloquial significa “el mediocre” y es cómo denomina Chávez a su oponente cuyo nombre no pronuncia y con el que se ha negado a debatir en televisión “porque es la nada”. La estrategia de campaña del chavismo pasa por ningunear a Capriles y por desvelar el “programa oculto” neoliberal que esconde. A ese programa oculto lo llaman el “paquetazo”, palabra de infausto recuerdo en Venezuela, porque es cómo se conocía al plan económico que dio origen al “caracazo”. Los chavistas tienen muchos argumentos para sembrar dudas sobre las verdaderas intenciones de Capriles, sobre todo ahora que están en condiciones de exhibir dos éxitos notables: El plan de viviendas con el que se han entregado ya 250.000 casas en el último año y medio y la Ley Orgánica del Trabajo, que entró en vigor en mayo con gran regocijo de la clase obrera. Es una reforma laboral “al revés”, en un país que registra el 6,2 % de paro. La ley establece normas que vistas desde estas latitudes parecen extraterrestres. Por ejemplo, el despido improcedente deviene en nulo y la negativa del empresario a readmitir al trabajador está penada con cárcel, los permisos de maternidad son de 6 meses, el trabajador recibe una indemnización de 30 días por año trabajado cuando se va voluntariamente de la empresa, los padres son inamovibles laboralmente cuando tienen un hijo con discapacidad, se prohíbe la subcontratación, los bancos no pueden cobrar comisiones de las cuentas-nomina…
Una pesadilla para Fátima Bañez…
Y para Rajoy al que Chávez critica con frecuencia por el desmantelamiento en España del estado del bienestar. “El majunche tiene otro paquetazo oculto… lo mismo que lo tenía Rajoy”, dijo en un mitin en Barquisimeto.
Para consternación de la oposición Chávez está recorriendo Venezuela, protagonizando extenuantes mítines y demostrando una buena forma física e intelectual. Su cáncer, del que dice haberse recuperado, se ha quedado en segundo plano. Las huestes de Capriles que soñaron con un Chávez enfermo y debilitado se han equivocado, aunque sigan difundiendo rumores sobre fatales complicaciones de su salud. El presidente ha vuelto a oficiar de hombre cercano, de brillante orador que combina en sus mítines teoría política, poesía, chistes y canciones…nada más lejos de un enfermo terminal.
Hay muchas probabilidades de que gane Chávez; pero lo que es difícil de pronosticar es si, en ese caso, la derecha resistirá la tentación de volver a la guarimba