Opinion · El rincón del ñángara

Guía para no liarse con la propaganda de guerra

Arthur Ponsoby, que era un raro lord inglés partidario de la paz, explicó en un libro en 1928 cómo se manipulaban las conciencias de los ciudadanos para que aceptasen las guerras. No han cambiado mucho los mensajes de los guerreristas desde entonces, aunque las técnicas se han sofisticado y se han vuelto mucho más eficaces. El ministro británico de la Guerra, Lloyd George, que sabía mucho de esto, lo dijo así de claro: “Si la gente supiera la verdad, la guerra se pararía mañana. Pero, claro no la saben y no pueden saberla”. La guerra y su cortejo de horrores son efectivamente muy poco populares, de modo que para que los ciudadanos la acepten lo primero que hay que hacer es disfrazarla.
Ponsoby y la belga Anne Morelli explicaron cómo se hace eso y qué mensajes se lanzan masivamente a la opinión pública: Se enmascaran los fines reales de la guerra presentándolos como nobles causas. No se habla de los objetivos políticos y mucho menos de los económicos. Los agresores se presentan como amantes de la paz a los que se obliga a ir al conflicto. El enemigo utiliza armas no autorizadas. Su líder es un dictador depravado… ¿Lo captan?
Las reglas de la propaganda bélica se cumplen estrictamente también en la agresión contra Siria: Escuchen con atención lo que dicen los belicistas: Obama, Hollande, Elena Valenciano, Cameron, González Pons… y tendrán el argumentario completo de Ponsoby:
Regla 1.- Nosotros somos pacifistas y el enemigo es cruel.- Nosotros no queremos la guerra, pero nos vemos obligados a entrar en ella por la magnitud de los crímenes cometidos. El “régimen” sirio es el único responsable de la guerra. Nosotros respondemos a sus agresiones atroces, que han sido ejecutadas además utilizando armas prohibidas. Nosotros no solo no cometemos atrocidades, sino que hacemos la guerra caballerosamente, respetando las reglas, como si se tratase de un deporte viril.
Regla 2.- La causa noble.-Nuestros propósitos son humanitarios y nuestra causa es noble, solo queremos evitar que se gasee a los sirios. Tratamos de defender la sagrada causa de los derechos humanos. Siempre lo hacemos así. Bombardeamos Kosovo para impedir la limpieza étnica, a Irak por sus armas de destrucción masiva, a Somalia porque estaba llena de piratas, a Libia para liberar al pueblo de un tirano, a Afganistán para quitar el burka a las mujeres y a Panamá para luchar contra el narcotráfico…
Regla 3.- La guerra limpia y rápida.-No queremos destruir Siria. Esta será una guerra corta y limpia, los bombardeos serán “quirúrgicos” y el número de víctimas reducido al estrictamente necesario dada la precisión de las armas actuales. No hay que negar el riesgo de que haya algún accidente, pero si ocurre, será un error involuntario, porque nuestras tropas nunca ejecutan ataques contra la población civil. Ni siquiera cuando bombardean ciudades populosas; nuestros misiles siempre tienen objetivos estratégicos cómo cuarteles y dependencias oficiales del enemigo… que tiene la cobarde costumbre de instalarse en barrios llenos de viviendas y utilizar a su población como escudos humanos
Regla 4.- El diablo tiene cara.-“El horrible” de turno se llama Bashar Al Asad. Nosotros no hacemos la guerra contra los sirios, ni contra los libios, yugoslavos o iraquíes. No odiamos a los pueblos. Nuestros aviones solo atacan a los esbirros de los dictadores, a los secuaces de gente como Gadafi, Milosevic o Sadam Hussein. De hecho cuando terminamos invadiendo estos países sus ciudadanos nos reciben con alegría porque se sienten liberados de la tiranía. Esos pueblos temen a sus propios ejércitos, que son quienes les oprimen, no a nuestros soldados que son quienes les liberan.
Regla 5.-Los amigos de mi enemigo no son de fiar.- No podemos decir que los amigos del régimen sirio tengan sistemas políticos democráticos. China es medio comunista, Irán es de los ayatolás y el autócrata Putin manipula las elecciones en Rusia. Nosotros, los países occidentales, somos democracias solventes, representamos el sentido común y no estamos solos. Por eso nos llamamos “la Coalición”, “los Aliados”… e incluso “La Comunidad Internacional”, que no hay que confundir con la ONU.
Regla 6.- Civilizados y legales.- “La Comunidad Internacional” tiene sus propios principios legales y hace valiosas aportaciones al derecho cómo es el concepto de “guerra preventiva”. Ahora, cuando la justicia internacional ha vuelto a tener un atasco patético, por el veto de los amigos de Al Assad en el Consejo de Seguridad, nosotros implementamos una nueva doctrina, la de “la responsabilidad de proteger”. Este principio, al que conocemos con el acrónimo de R2P, nos permite luchar eficazmente contra los genocidios, los crímenes contra la humanidad y las limpiezas étnicas. Ya ha aclarado Elena Valenciano que la R2P es una fuente de legalidad internacional tan válida como las resoluciones de la ONU y que su partido la defiende porque no está dispuesto a dejar sin su merecido la “salvaje actuación de Al Assad”.
Este es el eje del mensaje que nos llega por tierra, mar y aire. Y por muchos grupos de comunicación. No está muy bien construido y casi suena a chiste, pero tampoco les hace falta más. Donde no llega la televisión llega el miedo. El Poder se está especializando no solo en recortar los derechos de los pueblos, en dejarles en paro, con poca sanidad, mala educación y mucha corrupción. También se especializa en despreciarlos contándoles las mismas patrañas una y otra vez. Las mismas, en esencia, que contaban a nuestros mayores hace un siglo y que sintetizó Ponsoby. El presidente norteamericano Woodrow Wilson explicó así, en 1.919, los motivos de la primera guerra mundial.” ¿Hay algún hombre o mujer- qué digo- hay siquiera un niño que no sepa que la semilla de la guerra en el mundo moderno es la rivalidad industrial y comercial?… Esta guerra ha sido una guerra industrial y comercial.”
En estos próximos días hay temas de los que apenas van a hablar. Casi no hablarán de Israel (salvo para enseñarnos a la población poniéndose máscaras anti gas cuando empiece el conflicto). No hablarán del petróleo, ni de que el Ejército Sirio Libre estaba perdiendo la guerra, ni del comercio de armas, ni de los niños que siguen naciendo con malformaciones en Faluya (por las radiaciones del uranio empobrecido lanzado a toneladas por los usamericanos contra la ciudad) ni de los índices de cáncer en Serbia, por el mismo motivo. No les hablarán de eso, ahora toca concentrarse en el gas sarín que ha utilizado el tirano de Damasco. O no.