Opinion · Bulocracia

¿Se puede ir en coche a 914 km/h, almas de cántaro?

Lo que no pase últimamente en Bélgica… Ha irrumpido ahora en muchos medios la noticia de que un conductor, de nombre Luc, “fue cazado por un radar circulando a 914 kilómetros por hora” por una carretera próxima a Bruselas, 859 km/h con la corrección aplicada. Y lógicamente, tanto a los medios especializados en motor como a los que tienen alguna inquietud periodística o a los que simplemente utilizan el sentido común, les ha sonado a coña y de inmediato han barajado un fallo del radar. Lo curioso es que en algunos otros medios no les ha parecido raro y no se han planteado que, al menos a fecha de hoy y en el planeta Tierra, es imposible alcanzar esa velocidad con un automóvil, afortunadamente. Han contado que es un récord sin plantearse que no es factible ni con un fórmula 1.

El récord de mayor velocidad alcanzada en una carrera de F1 lo ostentaba el colombiano Juan Pablo Montoya desde 2005, cuando logró rodar a 372,6 km/h en el Gran Premio de Italia, en Monza. Pero once años después, en 2016, se lo arrebató el finlandés Valtteri Bottas, que llegó en Bakú a los 378 km/h. Fuera de circuito, Honda ha conseguido que uno de sus monoplazas de formula 1 ruede a 413 km/h en las salinas Bonneville Salt Flats, en Utah, Estados Unidos, pero los 914 km/h que ha reflejado el radar en Bélgica se asemejan más a la velocidad de crucero de un avión comercial que a la de cualquier vehículo terrestre.

Bueno, el récord de velocidad en tierra lo tiene desde el 15 de octubre de 1997 un artefacto llamado ThrustSSC, un avión de combate con ruedas. El piloto británico de la RAF Andy Green alcanzó con él una velocidad máxima de 1.227,986 km/h en el desierto estadounidense de Black Rock, en Nevada.

Pero Luc, el conductor sancionado, está muy lejos de todo eso y además no le acompaña la suerte, la buena, pues nadie se explica que lleve gastados más de 1.500 euros en tratar de probar que no circulaba a 914 km/h y evitar ser juzgado por ello en los tribunales. De momento no ha conseguido que el asunto se aclare y los que gestionan el radar hacen como los medios flojos, que se ciñen únicamente a la medición sin importarles que el dato sea imposible. Así que en el caso de Luc, dadas las circunstancias, quizá lo mejor sea esperar a ir a juicio, a ver qué le dicen.

También quiere una indemnización por daños y perjuicios, pero este malogrado automovilista lo que más desea es probar que su coche no es una nave espacial y que el radar es como para devolvérselo a los chinos, éste y el resto de radares de Bélgica. Porque hace cinco meses, otro radar de tráfico pilló a un automovilista belga que presuntamente circulaba a 696 km/h, velocidad que tampoco es factible para un coche fuera de la ciencia ficción.

A ver si va a ser solo cuestión de unas comas, y eran 91,4 y 69,6 las velocidades mal registradas, no 914 y 696. Lo cierto es que son pocos los medios que han añadido un “por error” al referirse al registro del radar en el título de esta noticia, y como la mayoría de compartidores compulsivos de Internet es lo único que leen, el asunto corre desbocado como si tal cosa, creando incluso debates sobre en qué carreteras españolas sería posible ir tan deprisa sin sufrir un accidente fatal.

Récords de verdad

La velocidad más alta captada por un radar de tráfico en Europa, esta vez sin estropear, lo ostenta desde 2011 un inconsciente suizo que puso su Bentley Continental GT de 560 CV a 324 km/h. Casi su límite, porque la velocidad máxima que puede alcanzar este vehículo, accesible para cualquiera que tenga 165.000 euros de presupuesto, es de 326 km/h. A lo mejor ese es el problema. El castigo para este tarado del volante fueron seis meses de prisión y una multa de unos 1.900 euros.

El segundo coche a mayor velocidad inmortalizado por un radar es un Porsche 911 Carrera a 311 km/h en una autopista italiana limitada a 130. Por esto no le castigaron mucho, fue sancionado con diez puntos menos de un carné de veinte y una multa de menos de 400 euros, pero otras sanciones similares acabaron costándole el carné.

El bronce del podio es para el dueño de un Audi RS4 que iba a 310 km/h por una carretera francesa también en 2011. El coche se comercializa limitado a una velocidad de 250 km/h, pero este conductor había modificado el motor y le pillaron probándolo. Sin duda la modificación del motor resultó un éxito, pero un poco cara porque, aunque esta vez al infractor no le costó dinero, le cayó un año de cárcel.