Opinión · Bulocracia

Veinte años de Ricky Martin, la niña, el perro y la mermelada

Este 2019 se cumplen veinte años desde que irrumpiera un bulo entre los bulos, un clásico entre los clásicos, un pionero del sector: el bulo de Ricky Martin en el armario, la niña, el perro y la mermelada.

Corría el año 1999, no existían las redes sociales, ni Internet. Lo más parecido que había eran los cuñados. Así que este bulo partió de lo más divulgativo del momento, la tele, y marcó para siempre el programa que presentaba por entonces Concha Velasco, “Sorpresa ¡Sorpresa!”.

Allí, supuestamente, le habían preparado algo a una adolescente: conocer en su propio domicilio a su ídolo Ricky Martin. Así que el cantante se escondía en el armario del cuarto de la niña para darle una “sorpresa” cuando entrara. Pero la “¡sorpresa!” se la llevaba el puertorriqueño cuando la chiquilla llegaba a la habitación, se quitaba la ropa y se untaba el cuerpo con mermelada para que el perro la lamiera. Todo el cuerpo. Así que Ricky Martin salía del armario descompuesto, la niña igual pero pringosa y el perro ya no podía seguir lamiendo.

Este bulo con dos décadas a cuestas tiene más mérito porque se propagó cuando el boca a boca era la única red social que existía. Como el de la chica blanca española que se casa con un similar y da a luz a un niño negro porque se quedó embarazada de un boy africano en su despedida de soltera.

Se supone que lo de Ricky Martin, la niña, el perro y la mermelada pudo verse por la tele en uno de los programas de Concha Velasco y, de hecho, nunca ocurrió pero al final lo había visto todo el mundo. Tanto la actriz como el cantante se han referido luego a este asunto recordando ya como una anécdota el estupor que sintieron hace veinte años, que les persiguió de cerca durante mucho tiempo.

La gran incógnita sigue siendo por qué todo el mundo había visto por televisión algo que nunca fue emitido. La poca gente que admitía no saber del tema preguntaba cuándo había ocurrido y la respuesta era siempre la misma: “En el último programa no, en el anterior”. Lo cierto es que después Concha Velasco tuvo que abrir uno de sus “Sorpresa ¡Sorpresa!” con la frase: “Todo es mentira, nunca ha ocurrido. Hemos sido víctimas de un bulo”.

El hecho de que esta historia situara a Ricky Martin dentro de un armario cuando aún no había salido del armario podía, además, interpretarse como una metáfora. El caso es que nadie se lo explicaba ni se lo explica pero, a falta de Internet, aquello corrió como la pólvora hace dos décadas de oficina en oficina, de tienda en tienda y de bar en bar, hasta el punto de que algunos tenían el vídeo (en VHS) y te lo iban a dejar.