Opinion · Bulocracia

Cuentos chinos

La comunidad china es numerosa en España y en casi todas partes. Los chinos abundan, aunque suelen conformar núcleos herméticos, lo cual, unido al idioma, provoca una distancia considerable con sus vecinos que no son chinos.

Por eso nos da la impresión de que los orientales están un poco al margen de todo y por voluntad propia, y eso es algo que conduce a algunos a imaginar cosas de los chinos y a contarlas como ciertas.

En nuestro país existen muchas teorías falsas sobre los ciudadanos chinos y quizá la más extendida sea que no se mueren. De esto se ha dicho de todo, como que en tal año solo falleció un chino en toda España o incluso que ojo con algunos vendedores callejeros nocturnos de comida china, porque es fácil que te sirvan a un primo hermano suyo picadito en el chop suey.

Quienes afirman estas cosas se basan en que creen que no hay tumbas de chinos en los cementerios españoles. Vamos, que algunos no ven ni ancianos chinos, que es otra de las falsas creencias. Pero las personas mayores chinas, como las españolas, no salen demasiado y también cuidan de sus nietos porque los padres trabajan, y en el caso de los chinos, mucho. En Madrid existe al menos una residencia de ancianos chinos, que prueba que la inexistencia de personas mayores de esa nacionalidad es una sandez.

Y obviamente los chinos sí se mueren, en España y en el resto del mundo. De hecho, empieza a haber ciudadanos chinos enterrados en los cementerios españoles. Lo que ocurre es que cuando fallece un chino fuera de su país de origen, la práctica más habitual es incinerar el cuerpo y enviar las cenizas a China para que sean enterradas o esparcidas allí o bien custodiadas por algún familiar directo. Por eso la proporción de chinos muertos y enterrados en España no cuadra.

Los chinos pierden su nacionalidad si se adoptan cualquier otra.

Otra creencia extendida es que los chinos jamás tienen gatos o perros como mascotas, salvo esos gatos de adorno que mueven la pata arriba y abajo para llevar buena suerte a los hogares. También se dice que jamás se ha visto un gato vivo en las proximidades de un restaurante chino. Los chinos se justifican diciendo que no acostumbran a tener mascotas porque se pasan el día trabajando y no pueden hacerse cargo de ellas.

Si alguien afirma que los chinos no tienen gatos o perros porque les gusta comérselos, eso ya es otra cosa, pero en nuestro país existen controles y no se registran casos de consumo de carne de gato o perro en restaurantes chinos. Ellos, además, no comen esos animales, salvo algunas comunidades minoritarias en China que sí se alimentan de perro, y que en la mayor parte del resto del mundo tendrían problemas para consumir carne canina. Gatos y perros no están en la dieta de los chinos, que tampoco son tontos y prefieren comer otras cosas.

Los chinos se adaptan a lo que sea.

Otro bulo sobre los chinos es que no piden créditos en los bancos. Sí que los piden, y se lo conceden o no, como al resto de la humanidad. Pero los chinos funcionan de otra manera y prefieren los préstamos por parte de algún familiar, con el que contraen una deuda a pagar de la forma que convengan. Los chinos se fían poco de los bancos, es cierto, pero lógicamente algunos piden préstamos, como cualquier otro ciudadano del mundo. En todo caso, les gusta más optar por ese mecanismo de préstamo, basado en la confianza entre familiares y amigos, que denominan guanxi y que les libra además de tener que dar cuentas al fisco de sus transacciones.

En cuanto a la presunta exención de los chinos del pago de impuestos, todas las personas, chinas o de cualquier otro lugar, que permanezcan dentro del territorio nacional más de 185 días al año, tienen la obligación de pagar sus impuestos en España.

Pagan exactamente igual que cualquier otro ciudadano residente en el país, sea de donde sea, en función de su actividad, y las posibles ayudas por abrir un comercio tampoco dependen del origen del solicitante, sino del lugar en el que se abre dicho negocio, de la actividad a desarrollar, del horario comercial o de los productos, entre otras cosas. Nunca de nacionalidades.

Que Li, primer y único guardia civil chino.

Un comerciante está exento de pagar el impuesto de Actividades Económicas si acaba de iniciar su actividad económica y solo durante dos años, y también en función de la facturación. O sea que los chinos pueden beneficiarse de medidas fiscales y los que no son chinos, también. La ley es igual para todas las personas al margen de su nacionalidad. No hay ningún beneficio fiscal para los ciudadanos extranjeros, en general, ni para los ciudadanos chinos, en particular.

Sí existe un convenio entre China y España para evitar la doble imposición fiscal y la posible evasión de impuestos, que es el mismo acuerdo que mantiene con un total de 94 países. Para evitar que una misma persona tribute tanto en el país en el que reside como en el de origen por un mismo hecho imponible, se llevan a cabo estos acuerdos de doble imposición fiscal. Así, España tiene firmado con China un convenio en el que se regulan las bases sobre qué impuestos y desde qué país se gravan.

Un cuento chino más dice que sus restaurante no pasan los controles sanitarios, lo cual es rotundamente falso. Pasan los mismos controles que cualquier otro restaurante del tipo que sea.

En cuanto a que les roban mucho, por desgracia eso sí es cierto. Los chinos mantienen sus negocios abiertos muchas horas y eso lo facilita. Además, en demasiadas ocasiones no denuncian para no complicarse.

215.000 chinos

Según el INE, en 2018 había residiendo en España 215.000 ciudadanos chinos y para la inmensa mayoría de ellos el riesgo genera oportunidades. Por eso emprenden sin parar y crean negocios, pero también ahorran una parte. No deja de resultar curioso que un régimen comunista como es el chino haya sido el que mejor se ha adaptado al capitalismo.

En cuanto a que los chinos no quieren integrarse, algo también muy recurrente, ellos se justifican mencionando que trabajan 18 horas al día y así es muy difícil socializar, y la dificultad para expresarse y entender también es un reto. Por eso conocemos mejor a las nuevas generaciones de chinos, que han nacido en España, hablan perfecto castellano y ya no son herméticos. Sus padres sí que querían integrarse, pero no tuvieron tiempo.