Opinion · Bulocracia

Bulos estivales

Si la primavera la sangre altera, con el verano centrifuga. Por eso esta estación tiene sus propios bulos de siempre: las horas de digestión antes de bañarse, las picaduras de medusas, los mosquitos… Y a estos clásicos suelen añadirse por estas fechas sucesos falsos sorprendentes, trágicos a veces. Como hace dos veranos y también de nuevo el pasado, cuando al actor Will Smith lo mató un bulo, y no «un accidente de tráfico», pero ahí sigue. En verano es más habitual asesinar a famosos en las redes sociales, se ve que porque hay más tiempo.

Es como el nivel de alerta antiterrorista, que acostumbra a ser elevado por las redes cuando llegan los calores veraniegos, pasando casi siempre del 4 al 5. Por si acaso, actualmente sigue en el nivel 4 y además esta alerta puede consultarse en la web del Ministerio del Interior. Es lo más eficaz, y no los letreros de Internet, que acostumbran a mencionar que «la Policía se ha quedado sin vacaciones» porque están todos los agentes «movilizados y dispuestos» debido a un inminente «atentado terrorista» en algún «centro comercial o lugar público muy concurrido», como «parques temáticos» y «las playas».

Bulos más mundanos en estas fechas que dar por muertos a vivos o tratar de matarlos tienen que ver con ir a la playa y exponerse a lo que hay allí y en sus aledaños. Y el clásico entre los clásicos en esto son las digestiones de no menos de dos horas antes de ir al agua.

Digestiones de dos horas

Esperar dos horas como mínimo para bañarse después de haber comido era un dogma de fe cuando yo era pequeño. Algunas familias decían que tres e incluso las había de cuatro horas. Después he comprobado que era mentira, pues sigo vivo. Tampoco resulta muy creíble lo de acabar de comer y bañarse rápido «antes de empezar a hacer la digestión», que era una alternativa de padres aparentemente más modernos.

Ya lo dice la aragonesa del vídeo, con detalle, en este clásico de YouTube: «Hay que guardar en todo momento lo que manda la ley, que son dos horas».

Lo peor de remojarse después de comer es que son las horas en las que el sol pega con más fuerza. En todo caso, la solución al acertijo de las horas de digestión, básicamente, pasa porque si uno ha comido y bebido como si no hubiera un mañana, está acalorado y sofocado bajo el sol, y se tira de golpe al agua, es fácil que le dé un jamacuco. Pero si uno se mete al agua poco a poco sin ir hecho un tonel y no está helada, no tiene por qué pasar nada.

Las digestiones, además, pueden durar mucho más de esas dos horas de rigor, según lo que se ingiera, y sobresaltarlas es lo que suele provocar que se corten, siendo su consecuencia más directa vomitar.

Pero lo más habitual en verano no son los cortes de digestión. Llamamos así a los denominados síncopes de hidrocución, o lo que es lo mismo, cambios bruscos de la temperatura corporal. Estos son los que predominan y pueden producirse, por ejemplo, si uno está sudando y bebe agua fría o se lanza a ella. Así cambia la temperatura del cuerpo demasiado rápido y eso sí puede causar estragos hasta llegar a matar. Contra el calor es más eficaz el agua caliente, aunque no sabe bien.

Piel morena

Una vez en la playa, e inmediaciones, suele haber muchos malentendidos con las horas de exposición al sol y los bronceadores y cremas solares. A la piel no le gusta el sol y se defiende cambiando de color. Así que hay que protegerla cuando no se está moreno, pero también cuando se va cogiendo color y después. Otro bulo veraniego dice que si ya se está moreno, sobran las cremas solares. Pero los entusiastas de esta teoría se pelan.

Hay pieles especialmente sensibles al sol, aunque todas las que de repente se exponen intensamente a sus rayos necesitan protección y cuidados.

Putos mosquitos

Los mosquitos también son unos de los grandes protagonistas del verano. Grandes también los define, porque por desgracia determinadas especies animales se extinguen, pero los putos mosquitos no faltan a su cita y cada vez son más grandes y molestos.

Sobre ellos existen teorías varias, como el bulo que asegura que se ceban con las personas que tienen la «sangre dulce», lo cual científicamente es una sandez. Pican solo las mosquitas, no los machos, eso es cierto, pero en busca de proteínas, no de dulce. Así que debe de haber mayoría de mosquitas porque, al menos en mi caso, siempre que irrumpe algún mosquito en casa para amenizar la noche, me acaba picando a demanda.

Se supone que estos insectos y otros parecidos escogen a sus víctimas en función del olor o la temperatura del cuerpo. De hecho, de antemano las mosquitas tampoco pueden conocer cómo sabe la sangre de determinada víctima hasta que no la prueban. Luego ya si les gusta igual repiten o no.

Los mosquitos son pesados y difíciles de matar. Una noche a solas con un mosquito puede llegar a ser una experiencia estresante. Pero los aerosoles son poco eficaces y suelen aturullar más al humano que al insecto, y los ultrasonidos está comprobado que son del todo ineficaces. Para acabar con un mosquito, lo mejor es sincronizar localización, armamento, templanza y certeza para machacarlo de un golpe seco, aunque la pared dé fe después de la muerte violenta del bicho. Es una medida radical y sucia, pero si sale bien reconforta que da gusto.

También hay teorías sobre cómo curar las picaduras de las mosquitas que van desde el vinagre a la orina, y en esto coincide el bulo con las picaduras de medusa, que tampoco las sana el pis.

Cuando te pica una medusa

Las picaduras de medusa duelen y escuecen, y entran terribles picores aunque lo mejor es no rascarse, porque igual que ocurre con las picaduras de mosquitas, de hacerlo aumentarán los picores y la piel se irritará todavía más.

Tampoco es solución orinar en la herida producida por una medusa, un bulo de todos los veranos popularizado en montones de espacios televisivos. Parece que orinar sobre una picadura de medusa solo podría ser algo eficaz si se liberara mucho amoniaco, lo cual es imprevisible, aunque no hay instituciones médicas que recomienden en ningún caso hacer pis sobre esas heridas, ni sobre cualquier otras. Los ‘remedios’ más eficaces son el vinagre y el propio agua del mar, sin frotarse.

Ventanillas y perros

Otra cosa falsa que se comparte en las redes en verano, desde hace ya, son los regalos de hoteles de la República Dominicana: «Hoteles Punta Cana está regalando 300 vacaciones familiares por su 50 aniversario», que conducen a la clásica web para robar datos. Los hoteles dominicanos no regalan vacaciones, ni nada, y menos a cualquiera.

Lo único cierto de los bulos veraniegos es que en todos hace calor, y de ahí surgen medidas como la falsa recomendación policial para las ventanillas si hay perros dentro del vehículo: «La Policía recomienda romper la ventana de un coche si ves un perro encerrado en días de fuerte calor». Luego reconfortan mencionando que si se hace antes una foto al perro, no hay peligro de sanción, y se cita el «artículo 54 del Código Penal», que «reconoce el estado de necesidad».

Tampoco se respira benceno si no se abren las ventanillas de un coche expuesto al sol durante horas. Es otro de esos bulos que generan las altas temperaturas y el sabiondismo popular, que encandila a las masas aún con más intensidad en verano.