Bulocracia

Adriana Lastra, el 'acueducto de Ávila' y los entusiastas de 'Box'

Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE y portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, comenzó los estudios de Antropología Social, pero nunca los terminó. Por eso sus detractores acostumbran a arremeter contra ella amparándose en que "no tiene estudios" o que "su currículum es un papel en blanco". En los bulos que surgen en su contra la tachan casi siempre de ignorante, por no decir de tonta, y sus oponente políticos caen en lo propio. La ciudadana Inés Arrimadas, por ejemplo, trató de ridiculizarla en el Congreso parodiando un currículum suyo que insinuaba que la única experiencia laboral de la socialista es como integrante del PSOE.

Lastra, además, es una apuesta personal de Pedro Sánchez, que la convirtió en la portavoz más joven de la historia del partido socialista en junio de 2018, y eso también ha ayudado a que la política de Ribadesella sea objetivo habitual de ataques por parte de los tres partidos de la derecha y sus entusiastas.

El último despropósito protagonizado sin quererlo por Lastra se ha compartido en masa en las redes sociales el pasado fin de semana. Incluso se lo ha comido algún medio que después ha reculado. Se trata de la presunta captura de un tuit de Adriana Lastra -que no de un retuit que dé acceso a su Twitter- en el que la vicesecretaria general del PSOE habría colocado una foto del acueducto de Segovia con el comentario "Me encanta visitar Ávila", la ciudad de la muralla.

Los foros que claman contra el Gobierno están que echan humo y encantados con el presunto 'acueducto de Ávila' de Lastra, pero es evidente que es un bulo, y además bastante burdo. El error no sería digno ni de un visitante japonés superado por el exceso de turismo en nuestro país en pocos días.

Lo suyo, de ser cierto, es que se hubiese compartido en las redes el tuit original, no una captura. Pero donde no hay, es imposible rascar. Además, la imagen es siempre la misma, como delatan los 56 retuits y 123 likes que figuran. No hay más y eso ya prueba que el asunto es falso, pero también la cuenta de Twitter que figura está alterada y no corresponde a la de la asturiana. La auténtica es @adrilastra y en la captura falsa la L de Lastra está en mayúscula: @adriLastra. Tampoco se corresponde la foto.

Por si fueran pocos argumentos, para terminar de probar que esto lo ha perpetrado alguien que no tiene a Lastra en buena estima, la propia diputada socialista ha salido al paso del asunto en su Twitter legítimo: "Unas horas sin entrar en tuiter y me veo como TT por un fake promovido por la extrema derecha. No, el tuit no es mío, es un fake. Ya empiezo a acostumbrarme a los ataques de esta gentuza, y eso me preocupa. Me preocupa normalizar los ataques selectivos que sufrimos".

La verdad es que razón no le falta. Las redes más a la derecha la han convertido en uno de sus puching balls favoritos, al igual que sus oponentes políticos. Después de 50 días de cuarentena, a primeros de mayo, Lastra pasó a rivalizar con Pedro Sánchez en cuanto a receptora de descalificaciones por parte de la oposición, después de que ella acusara en el Congreso al líder popular, Pablo Casado, de "batir su propio récord: 37 insultos en quince minutos en su primera intervención, a razón de tres insultos por minuto".

Poco antes, la vicesecretaria le había preguntado a Casado por un supuesto informe, que resultó ser un fake, que el PP había utilizado para sustentar su tesis de que el Gobierno de Sánchez estaba llevando a cabo una pésima gestión. Lastra espetó entonces a Casado: "¿Podría mencionarnos, por favor, usted o la cacatúa que tiene detrás, que no deja de hablar mientras yo estoy interviniendo...?".

Se refería al secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, un hombre acostumbrado a creerse los bulos que le vienen bien pese a que éste sí ha estudiado. Es Ingeniero de Telecomunicaciones. Él y otros populares arremetieron contra el Gobierno a primeros de abril cuando ya se había desmentido el bulo en el que se basaban para justificar sus críticas: "Rogamos máxima transparencia, máxima diligencia y máxima eficacia, porque estamos viendo cómo ayer una empresa española de test del coronavirus decía que ni siquiera el Gobierno se había puesto en contacto con ellos".

Era falso, como la cuestión que difundió hace unos días su compañero de partido Rafael Hernando, licenciado en Derecho, que señalaba en su Twitter: "Hace 15 días se produjo el salvaje asesinato de una misionera española en República Centroafricana. Fue decapitada. ¿Abrió informativos? ¿Hubo alguna manifestación feminista? ¿Se dijo q era un crimen racista? ¿Alguna mención gubernamental? ¡Ah era misionera! Inés DEP. Una héroe".

Lo de "una héroe", que no una heroína, es lo de menos. Lo importante es que la misionera burgalesa Inés Nieves Sancho, efectivamente, murió decapitada a los 77 años en una la República Centroafricana, pero fue en mayo de 2019, hace más de un año. La mayoría de medios de toda España se hicieron eco entonces del terrible suceso. Desgraciadamente, el asesinato de la misionera se produjo, pero no "hace quince días". Se ve que Hernando no se enteró hace más de un año o no va bien de memoria, aunque no dudó en hacer el ridículo asomando el dato a Twitter como actual. Otra cosa es el tuit falso hecho imagen del 'acueducto de Ávila' que ahora suplanta a Adriana Lastra. A diferencia del dato desfasado de Hernando, esta captura de un tuit falso es simplemente una manipulación intencionada.

Es fantástico comprobar también la cultura que atesoran muchos detractores de Lastra que la llaman "paleta" o "analfabeta" o que hablan de "perros flautas" en los foros de Internet, especialmente en los que abundan los seguidores de Vox. Porque mucho se dice de la portavoz socialista, pero hay quienes incluso escriben Vox con B, y eso que votan al partido de Santiago Abascal. Dan fe de ello páginas de Facebook como FJL (Federico Jiménez Losantos) en defensa de España, donde muchos comentarios son como un vómito a la lengua española, como estos en un enlace sobre intención de voto.

En todo caso, con la fauna de políticos que atesoramos en España, casi todo es posible y poco acaba importando su currículum. De hecho, algunos se obsesionan y tratan de probar que han estudiado esto y lo otro cuando no es necesario, y si no que le pregunten a Cristina Cifuentes o al propio Pablo Casado.

La realidad es que, a diferencia de cualquier profesión en la que se presupone y se hace necesaria una cualificación, para ejercer como político en España no hacen falta estudios. La realidad supera a la ficción y puedes ser analfabeto o tener cinco doctorados, no importa para dedicarte a la política y vivir de ella. Los bulos campan a sus anchas por la política española y son sus propios actores los que más tiran de ellos, especialmente si se trata de la ultraderecha.