Bulocracia

Magnetismo viral

La vacunación contra el coronavirus ha llenado Internet de gente que asegura que la zona donde recibieron el pinchazo se ha convertido en un imán. Potentísimo imán en el caso de algunos que se afanan por demostrarlo en YouTube, donde vemos cuchillos, tenedores y cucharas adheridas a brazos que presuntamente recibieron la vacuna. Falta una olla express. No importa si es la de Pfizer, la de AstraZeneca, la de Janssen o la de Moderna, que son las aprobadas en Europa; la Sputnik o la china: todas propician un magnetismo inusitado.

Que seas un imán después de vacunarte supuestamente atendería, según casi todos los que tratan de demostrarlo, a que "todas las vacunas del Covid contienen metales pesados magnéticos". Esta es la 'hipótesis' en el mejor de los casos. Para otros nos volvemos magnéticos porque la dosis suministrada incluye "un diminuto chip 5G" o varios.

De este bulo han salido al paso ya numerosos profesionales de la Medicina con nombres y apellidos, también en soportes como YouTube, e igualmente lo han hecho distintas entidades. Lo que no se da son los profesionales médicos que corroboren el presunto magnetismo corporal. Sí algún pseudodoctor que se graba disfrazado en exceso de médico.

Lo del chip es de coña y ha deparado múltiples memes, como el que dice que "lo predijeron los de Érase una vez el cuerpo humano"; y ninguna de las vacunas contiene metales pesados o "microimanes para tenernos controlados". Su composición no incluye nada que pueda producir magnetismo y de haber metales pesados, que no los hay, en los 0,3 mililitros que se inyectan de la vacuna de Pfizer o en los 0,5 en el caso de las otras tres, literalmente no cabría la cantidad suficiente de metal necesaria para convertir un brazo en magnético. Eso si fuera posible meter al menos un gramo de metal en una jeringuilla y, sobre todo, inyectarlo.

¿Por qué se pegan?

Entonces, ¿por qué se pegan los objetos metálicos en los brazos? Porque se te pueden pegar cosas en los brazos te vacunes o no, sobre todo si sudas en el empeño. La mayoría de las veces ocurre porque la grasa corporal y el sudor propician que la piel esté más humeda. Por eso las personas de piel seca tendrán más difícil lograr que se les pegue un tenedor en el brazo. Pero puede que cuanto más se afanen en pegarle algo, más receptiva esté su piel.

La humedad es la clave y lo podéis comprobar fácilmente con la arena de la playa. Además, existe una prueba simple que desmonta el magnetismo empleando polvos de talco: Dos imanes se atraerán por mucho que los rebocemos en talco, pero si has logrado que un objeto metálico se te pegue en el brazo, prueba a aplicarte talco y vuelve a intentarlo. Verás cómo el magnetismo se diluye en seco.

En cuanto a los entusiastas de los objetos grandes, podéis probar con una cuchara de plata o de aluminio y, si se os pega, el bulo lo desmontáis vosotros mismos.

El convencimiento ayuda

Entre los fans de los brazos imantados por la vacuna está la argentina Rocío Gómez, "periodista platense" que asegura que fue "muy contenta" a vacunarse. Tras recibir la primera dosis de AstraZeneca regresó a casa y su marido le propuso "algo que había visto en Internet". Así que su pareja "agarró unos clips de oficina normales y otros que son como mariposa, más pesados, y me los empezó a poner en el brazo donde me habían aplicado la vacuna. Él decía que se me iban a quedar pegados, me parecía una locura, una cosa rara de Internet".

Para ser periodista, mucho no ha indagado en el asunto. Es recomendable, al menos, visitar la página de la Organización Mundial de la Salud, que desmiente muchas de estas creencias populacheras y, pese a ello, tiene menos visitas que el abuelo de Heidi.

En España, una de las grandes impulsoras de los brazos magnéticos es la diputada de Vox en la Asamblea de Madrid Alicia Verónica Rubio, en cuyo Twitter lo que más abunda es esta frase: "Este Tweet ya no está disponible porque incumplió las Reglas de Twitter". Entre otros, ya no están disponibles más de treinta tuits en los que esta mujer se refería al bulo: "Tengo bastantes vídeos de vacunados con imantación en el lugar de la vacuna. Me gustaría que me dijeran si esto está sucediendo, o no...".

Las vacunas no nos convierten en imanes, pero el convencimiento ayuda. Por eso muchos de los vídeos sobre vacunas virales (de virus) se han convertido rápido en virales (multitudinarios). Sobre la Covid-19 hay de todo en Internet y la desinformación fluye hasta chorrear, especialmente si uno acude a YouTube.

En todo caso, para comprobar de lo que es capaz el ser humano, tanto a la hora de producir teorías como a la de creérselas, lo mejor es visionar algunos de los 'trabajos' que tratan de probar que gracias a las vacunas se pegan cosas al cuerpo.

Hay un indio recién vacunado que va más allá de imanes y metales y enciende una bombilla cuando se la pone en el brazo, que igual era la solución más inmediata al bandolerismo eléctrico que nos asalta. Aunque solo fuera para cargar el móvil, esta vacuna eléctrica vendría estupenda.