Buzón de Voz

Ni un cambio de ciclo ni "aquí no pasa nada"

No hay cosa más irritante para cualquiera con un mínimo amor propio que escuchar a otro explicar o interpretar lo que uno quiere decir. Y sin pedir permiso. Pues nada: hay políticos y analistas empeñados en contar a los ciudadanos lo que han votado, por qué han votado, por qué no han votado y por qué lo han hecho en blanco. ¿De dónde sacarán los datos o el tiempo para hablar con tanta gente? Porque la abstención ha sido enorme el domingo pasado, sí, pero acudieron a votar 15.761.963 electores, que son unos cuantos. Ya les gustaría a Zapatero o a Rajoy tenerlos de amigos en Facebook.

¿Alguien piensa seriamente que a los más de seis millones de ciudadanos que apoyaron al PP no les importa la corrupción? Afirmar tal disparate, como hizo el "ciudadano ejemplar" Carlos Fabra al día siguiente de los comicios, resulta ofensivo hasta para sus más firmes partidarios. Otros dirigentes, entre ellos Francisco Camps, María Dolores de Cospedal, Esperanza Aguirre o Federico Trillo, insinuaron lo mismo, aunque con más elegancia. Alguno incluso sostiene, jaleado por su coro mediático, que las firmes sospechas de corrupción que afectan al PP en Madrid o en Valencia han movilizado aún más a sus bases, enfadadas y unidas ante "el ataque exterior".

¿Alguien cree de verdad que el único motivo del desgaste electoral del PSOE es la crisis económica? Tal explicación, proclamada por Leire Pajín la misma noche del 7-J y reiterada en las jornadas siguientes por numerosos compañeros de filas, resulta insostenible. La situación económica no es peor en Catalunya que en Madrid y, sin embargo, la abstención se disparó entre los catalanes respecto a anteriores comicios europeos.

Los líderes políticos pueden (y deben) hacer un análisis público de los resultados electorales. Los propios medios de comunicación presionan además para que ese análisis sea urgente y detallado. Nadie espera que quien gana renuncie a festejarlo ni quien pierda se haga el haraquiri. Pero leer los votos es casi tan difícil como pronosticarlos. Por eso es más prudente poner alguna distancia y frecuentar más a los sociólogos, politólogos e historiadores, no tanto a los políticos y menos aún  a los periodistas.

Cuestiones de fondo

A la espera de las primeras encuestas en las que los ciudadanos respondan sobre los comicios del 7-J, es recomendable la lectura de un ensayo reciente: Las razones del voto en la España democrática (1977-2008), escrito a cuatro manos por los profesores de sociología Juan Jesús González y Fermín Bouza. Se trata de un estudio sobre la evolución electoral en las últimas tres décadas que tiene en cuenta los factores múltiples que influyen en la decisión de voto. El peso de la memoria colectiva y hasta de los miedos individuales en los comicios de la Transición; la fortaleza ideológica del PSOE en los años ochenta ante una oposición fragmentada y sin discurso; la dinámica de polarización iniciada por Aznar en los noventa; el uso inadecuado que hizo de su mayoría absoluta en 2000; la importancia de los medios de comunicación a la hora de marcar la agenda pública y sus efectos en el voto... Por supuesto que, como dice Zapatero, el Gobierno se gana en las elecciones generales y no en las europeas. Pero no debería olvidar tampoco –y el ensayo citado lo demuestra– que en estos treinta años han sido los Gobiernos los que han perdido elecciones y no la oposición la que las ganaba. Los ciudadanos han ido apostando por ciclos largos, sólo rotos por los errores cometidos desde el poder.

Por mucho que se empeñe el PP, las urnas del 7-J no marcan un cambio de ciclo, aunque sí envían señales de algunas tendencias que deberían preocupar en Ferraz y en la Moncloa. Si el electorado tradicional del PSC en Catalunya se siente decepcionado y se queda en casa, Zapatero tendrá más que difícil una tercera victoria. Si da por perdidas Madrid y Valencia, donde no se aprecia una apuesta por proyectos y liderazgos claros, entonces lo tendrá casi imposible. Y el PSOE volverá con seguridad a la oposición si la brecha en Andalucía sigue estrechándose.

Quedan tres años, cierto. Nadie sabe con certeza por qué cada cual votó lo que votó el domingo o por qué se quedó en casa. Lo único seguro es que muy pocos lo decidieron en el último momento. Nunca lo han hecho.