¿Quién pinchó el móvil a Esperanza Aguirre?

Sobre las diez de la noche del pasado martes 1 de septiembre, sonó el móvil de Alfredo Pérez Rubalcaba. No le llamaba Zapatero, porque el ministro del Interior tiene grabada una melodía especial que sólo suena cuando se trata del presidente del Gobierno. Era Esperanza Aguirre.

–Alfredo, quiero pedirte disculpas. De verdad que no quería decir eso ni mencionarte en este asunto.

Se refería la presidenta de la Comunidad de Madrid a las declaraciones que por la mañana había hecho en Telecinco, donde acusó directamente a Rubalcaba de haber ordenado realizar escuchas telefónicas ilegales a dirigentes del PP. Antes de aceptar las disculpas y de exigir a Aguirre que rectificara en público, el ministro se permitió un desahogo.

–Mira, Esperanza, me tenéis ya hasta las pelotas. ¿Qué es eso de que “escuchas, haberlas haylas”?. Déjate de coñas. Pues claro que las hay, las que autorizó el juez y las que habían hecho el tal Peña y compañía. Las conversaciones publicadas estaban en la denuncia original, y las gordas gordas de verdad no se han filtrado. Así que ya está bien, joder, que lleváis todo el puto verano mintiendo y calumniando.

–Venga, Alfredo, no te pongas así. Ya me conoces y sabes que no iba contra ti. Nosotros también tenemos que defendernos…

La conversación acabó como suelen acabar las que mantienen Aguirre y Rubalcaba, dos profesionales de la política que se caen bien. “Un beso…”. A la mañana siguiente, la presidenta madrileña utilizó la radio de la propia comunidad para rectificar: “Yo no he querido acusar al ministro”, dijo, aunque inmediatamente repitió: “Escuchas, haberlas haylas”.

Las pruebas de De Cospedal

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ha tardado casi un mes en desvelar como “prueba” de las supuestas grabaciones ilegales que denunció el 6 de agosto una “conversación privada” mantenida por ella misma y que apareció “en la televisión”. Según el PP, se refiere a un diálogo entre De Cospedal y el secretario general del partido en Madrid y consejero de Presidencia e Interior de la Comunidad, Francisco Granados (todo un experto, por otra parte, en cuestiones de espionaje, a la vista del proceso judicial abierto contra varios asesores suyos). Ese diálogo fue relatado por un locutor en un documental emitido por Cuatro.

Es decir, nadie –que se sepa– ha escuchado ni mucho menos publicado la supuesta conversación en boca de los protagonistas, quienes hablaban al parecer de varios imputados en la trama Gürtel. Dicen que De Cospedal le dijo a Granados que a su vez le dijera al ex consejero López Viejo, imputado por corrupción, que presentara su baja voluntaria en el partido. Incluso se citó en la tele una frase lapidaria de De Cospedal a Granados: “Llámale tú que yo tengo que entrar a una reunión”. ¡Horror! ¡Pinchazo seguro! No cabe ninguna otra posibilidad.

De modo que Esperanza Aguirre puede denunciar un nuevo pinchazo al ver reproducida la citada conversación (verdadera) con Rubalcaba. Alguien la somete a escuchas ilegales. ¿O quizás uno de los dos utilizó el manos libres y algún testigo se ha ido de la lengua? ¿O se la narró el ministro a un tercero y ese tercero al arriba firmante? ¿O fue Aguirre quien relató el cabreo de Rubalcaba y uno de los espías que abundan en Puerta del Sol ha largado lo que no debía? ¿O ha cantado el propio Rubalcaba como pudo cantar Granados su charla con De Cospedal?

Anteanoche, Francisco Camps proclamó que “los socialistas quieren instaurar un régimen de terror en España”. Menos mal que el propio Tribunal Superior de Justicia que lo absolvió del delito de cohecho demostró en la sentencia que Camps es un mentiroso, de modo que pocos creerán tal disparate. Pero al PP le está funcionando su estrategia y por eso continúa. Mientras se habla de pinchazos y persecuciones, nadie habla de Bárcenas, Merino, Correa, El Bigotes, Fundescam, las concesiones irregulares de la Comunidad de Madrid… El PP confía en la eficacia del manual más reaccionario jamás inventado, que es el refranero: “Cuando el río suena…”. Eso sí, algún día la cortina de humo será sustituida por la imagen de un banquillo en el Tribunal Supremo. Para entonces, puede que el PSOE esté de nuevo en la oposición.