Una cuestión de expectativas

Ocurre en la política como en la vida misma. El grado de decepción o satisfacción viene a ser proporcional al nivel de las expectativas creadas. Esta mañana arranca el quinto debate sobre el estado de la nación entre Zapatero y Rajoy. Los otros cuatro los ganó el primero, según las encuestas más fiables. ¿Cuáles son las expectativas lanzadas sobre el debate de hoy? En las filas socialistas esperan tres cosas: 1) Que Zapatero explique de forma convincente para su electorado las razones por las que ha decidido los recortes y la imposición de sacrificios a los sectores más débiles. 2) Que el presidente haga propuestas de futuro y anuncie una hoja de ruta creíble y capaz de devolver la ilusión a quienes ahora mismo se sienten engañados o decepcionados. 3) Que Rajoy siga instalado en el catastrofismo y en la utilización electoralista de la crisis. En las filas populares se extienden tres deseos: 1) Que Rajoy insista en que el gran obstáculo de España para superar la crisis es Zapatero. 2) Que demuestre de forma convincente para el electorado que tiene alternativas más allá del “no a todo”. 3) Que Zapatero no consiga apoyo alguno a las medidas que plantee y se visualice su soledad.

¿Y los ciudadanos sin posición previa definida o militante? Lo más probable es que valoren más a quien más credibilidad transmita para solucionar los problemas, lo cual suele coincidir con quien menos se empeñe en cazar votos a cualquier precio.