Los que sacaban de quicio a Labordeta

Para la inmensa mayoría, aquel exabrupto desde la tribuna del Congreso no fue irrespetuoso, sino la expresión del hartazgo ante la falta de respeto de los demás. Concretamente, aquel “¡a la mierda!” iba dirigido al llamado Tendido del 7, el ala más dura de la bancada de la derecha, un grupo de individuos cuya única función parlamentaria consiste en boicotear el parlamentarismo, la esencia misma del ejercicio democrático. El abuelo les soltó el verso más breve y contundente de su larga trayectoria como poeta, profesor, cantante y político. José Antonio Labordeta, fallecido ayer de madrugada, recibe hoy el homenaje de miles de aragoneses a los que regaló un himno y el orgullo rebelde de quien no se deja doblar por el cierzo ni por los fachas (como él solía llamarlos sin ningún cariño).

El escatológico y pacífico “¡a la mierda!” de Labordeta no se ceñía exclusivamente al momento y lugar en que se produjo; simbolizaba su rechazo a una política soberbia, prepotente, dedicada a la pura táctica electoralista y alejada de los intereses de la ciudadanía. Nunca se arrepintió de aquella salida de tono, porque en realidad la consideraba una definición de lo que merecen aquellos que utilizan la democracia sin creer en ella. Aún existe un Tendido del 7 en las filas conservadoras; lo forman políticos influyentes que se oponen al derecho al aborto, al matrimonio homosexual o a renovar el Tribunal Constitucional mientras ellos no estén en el poder. Sacaban de quicio a Labordeta.