¿A qué esperan?

No ha sido un invento de Sarkozy ni de Zapatero. La idea de implantar una tasa a las transacciones financieras internacionales –inspirada en el fallecido Nobel James Tobin– fue lanzada en agosto de 2009 por lord Turner, responsable de la regulación financiera en Reino Unido. El ex líder laborista Gordon Brown la planteó en la reunión de ministros del G-20 en Escocia, quizás por interés electoral más que por convicción socialdemócrata. Lo que ayer hicieron el presidente francés y el español fue llevar esa tasa al marco de la ONU y defender su implantación como fórmula para acabar con la pobreza en el mundo en 2015. “¡Hágase ya!”, exclamará cualquier contribuyente cansado de escuchar que es posible extraer fondos de la economía puramente especulativa y dedicarlos a la economía real.

Los expertos calculan que se pueden obtener más de 30.000 millones de euros anuales sólo con gravar un 0,005% cada operación financiera en el mundo, y ese cálculo ya contempla el hecho de que el nuevo impuesto provocaría una reducción drástica del número de transacciones. Primer problema: antes de establecer la tasa hay que regular ese mercado, cuyo volumen de negocio supera en más de 60 veces el PIB mundial. “¡Hágase!”, volverá a exclamar el contribuyente, cansado de que los organismos internacionales dediquen más esfuerzos a lanzar pronósticos que a controlar a quienes crean burbujas cuyo estallido siempre hace más pobres a los pobres.